La valoración de SpaceX volvió a instalar una pregunta incómoda sobre la forma en que las sociedades deciden invertir en el futuro.
Durante una nueva edición de Concierto Valor, el consultor en innovación Matías Rojas analizó el fenómeno que rodea a la compañía de Elon Musk, cuya valoración supera los dos billones de dólares pese a registrar pérdidas millonarias en ejercicios recientes.
Más allá de las cifras, el experto planteó una reflexión sobre cómo se construye el valor y por qué algunas promesas reciben décadas de confianza mientras otras enfrentan exigencias inmediatas.
El valor de una historia futura
Para Rojas, los inversionistas no están comprando necesariamente los resultados actuales de la compañía.
“Los inversionistas no están comprando el SpaceX de hoy, están comprando la historia que está contando este tremendo personaje que es Elon Musk de lo que puede ser en el futuro”, explicó.
La posibilidad de desarrollar nuevas industrias, expandir la exploración espacial o transformar la infraestructura tecnológica global aparece como parte de esa narrativa que sostiene la confianza de los mercados.
La paradoja chilena
A partir de ese ejemplo, el especialista cuestionó la forma en que Chile evalúa otras áreas vinculadas al desarrollo.
Según planteó, mientras los inversionistas están dispuestos a esperar años para que proyectos tecnológicos materialicen sus promesas, la ciencia, el arte y la cultura suelen enfrentar una presión mucho mayor para demostrar resultados concretos en el corto plazo.
“Cuando hablamos de ciencia, por ejemplo, queremos una transacción inmediata”, señaló.
El desafío de valorar lo intangible
La conversación también abordó un aspecto más profundo: la dificultad de medir aquello que genera valor en el largo plazo.
Rojas sostuvo que muchas de las cosas más importantes para una sociedad son precisamente aquellas que no siempre pueden traducirse fácilmente en indicadores económicos o retornos inmediatos.
“Tal vez las cosas más valiosas de nuestra vida son aquellas que son más difíciles de medir”, afirmó.
Ciencia, innovación y relato de futuro
Uno de los desafíos que identificó el experto es la capacidad de la ciencia para construir narrativas que conecten con la ciudadanía y los tomadores de decisiones.
A su juicio, proyectos como SpaceX logran movilizar recursos porque ofrecen una visión clara y ambiciosa sobre el futuro.
La pregunta, entonces, es cómo otras áreas estratégicas pueden comunicar de mejor manera el impacto que tendrán en las próximas décadas.
Una nueva distribución del poder
La discusión también permitió reflexionar sobre el creciente protagonismo de grandes compañías tecnológicas y sus fundadores.
Empresas capaces de movilizar miles de millones de dólares para proyectos de largo plazo están adquiriendo niveles de influencia que históricamente pertenecían a los Estados.
En ese escenario, el caso de SpaceX no solo habla de innovación o exploración espacial. También plantea interrogantes sobre quién define las grandes apuestas del futuro y qué tipo de proyectos merecen la paciencia y la confianza de la sociedad.
