Esto se conversó recientemente en el programa La comunidad contraataca, donde se analizó el crecimiento de la machósfera y el impacto que estas comunidades tienen sobre los hombres jóvenes y las relaciones actuales.
La machósfera se define como una red de comunidades que promueven la masculinidad tradicional y el antifeminismo digital.
Estas plataformas coordinan discursos misóginos que impactan fuertemente en la identidad de los hombres jóvenes hoy. Su auge responde a cambios sociales profundos que generan desorientación en los roles de género clásicos.
Adicionalmente, la bióloga y difusora científica María Teresa Barbato explica que los hombres buscan una "lógica muchas veces más simplista" para enfrentar la incertidumbre.
María Teresa Barbato, bióloga y difusora científica
Este fenómeno intenta explicar los cambios en las relaciones mediante argumentos biológicos que carecen de rigor científico. El objetivo es mitigar el miedo que genera el avance de la autonomía femenina actual.
Niveles de radicalización y violencia digital
En primer lugar, la experta identifica una escalada que comienza con el "wellness masculino", centrado en la nutrición y el gimnasio.
Aproximadamente un 40% de los jóvenes accede inicialmente a contenidos sobre desarrollo personal o criptomonedas. Sin embargo, estos intereses aparentemente inocuos sirven como puerta de entrada para discursos de poder y dominación.
Seguidamente, el algoritmo radicaliza al usuario hacia dinámicas de control donde se rechaza explícitamente el progreso de las mujeres.
Los grupos intermedios discuten asimetrías de poder, basándose en la idea de que el hombre ha perdido su estatus social. En este punto, la comunidad digital comienza a funcionar bajo una lógica sectaria y excluyente.
Debido a esto, los niveles más extremos derivan en violencia explícita contra quienes consideran enemigos de su visión tradicional.
Barbato denuncia que existen grupos que "persiguen a los violadores" o "les van a pegar en streaming, o sea, en vivo". Esta justicia por mano propia es consumida masivamente por adolescentes que buscan referentes de fuerza masculina.
Falacias biológicas y el negocio de los líderes
Por otra parte, el movimiento se sustenta en "falacias evolutivas de como la mujer es así porque biológicamente es así". Los líderes promueven la idea de que ellas deben ser pasivas mientras el hombre actúa como único proveedor.
No obstante, la ciencia demuestra que en la prehistoria ambos sexos cazaban y colaboraban activamente en la supervivencia.
Asimismo, Barbato critica que existe una "visión muy romantizada, no real, de volver a un pasado que no sabemos si existió". Este discurso ignora que las mujeres siempre han sido agentes económicos fundamentales dentro de sus comunidades y familias.
La machósfera intenta restaurar una jerarquía artificial que distorsiona la historia antropológica de nuestra especie.
De igual modo, resulta contradictorio que los líderes de estos grupos antifeministas lucren directamente con la explotación de mujeres. Muchos referentes "son proxenetas de Only Fans", utilizando la belleza femenina para atraer audiencias y generar dinero.
Esta dinámica evidencia que el desprecio público convive con un aprovechamiento económico de las figuras que critican.
Además, el estudio revela una realidad emocional sorprendente: "parece que el que quiere tener pareja no era la mujer, era el hombre". Los varones sufren más ante las rupturas y buscan activamente la conexión romántica debido a su soledad.
Estas comunidades digitales capturan ese malestar para ofrecer respuestas que solo profundizan la brecha entre los géneros.
La investigación concluye que bajar las brechas de género genera mayor satisfacción y beneficios para toda la sociedad humana.
Entender que la simetría es positiva permite desarticular los discursos de odio que proliferan en la machósfera y antifeminismo digital. La educación científica sigue siendo el mejor antídoto frente a la desinformación de estas redes extremistas.
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