La cuenta regresiva ya comenzó para miles de empresas chilenas. La nueva Ley de Protección de Datos Personales, que entrará plenamente en vigencia el 1 de diciembre de 2026, promete transformar la manera en que organizaciones de todos los tamaños gestionan la información de clientes, trabajadores y usuarios.
Especialistas advierten que el cambio podría ser particularmente complejo para startups, pymes y proveedores tecnológicos que aún operan con sistemas poco robustos o sin protocolos formales de protección de datos.
Un cambio que va mucho más allá de las políticas de privacidad
La nueva normativa no solo exigirá actualizar contratos o avisos legales. También obligará a las empresas a demostrar control efectivo sobre la información que manejan.
Esto incluye trazabilidad de accesos, gestión de incidentes, monitoreo de datos sensibles y medidas concretas de ciberseguridad.
Según explica Cristina Fritz, cofundadora de Digital eXp, muchas organizaciones todavía no dimensionan el alcance real de la ley. “La mayoría de las pymes chilenas todavía no entiende la dimensión real de esta normativa. Ya no basta con tener documentos; será necesario demostrar control técnico y operativo sobre los datos”, sostiene.
Multas, sanciones y riesgo reputacional
Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas es la creación de un Registro Público de Infractores, que será administrado por la futura Agencia de Protección de Datos Personales.
Las empresas sancionadas podrían quedar expuestas públicamente, afectando su reputación frente a clientes, inversionistas y socios comerciales. Además, la normativa contempla sanciones económicas que, dependiendo de la gravedad de la infracción, podrían alcanzar cifras millonarias.
Proveedores y startups también serán responsables
Otro cambio importante es que muchas empresas que actualmente prestan servicios a terceros pasarán a tener responsabilidades legales directas sobre los datos que procesan.
Dentro de este grupo se encuentran:
- Agencias de marketing.
- Consultoras.
- Empresas tecnológicas.
- Call centers.
- Proveedores de soporte externo.
- Plataformas SaaS.
- Estudios contables.
En caso de filtraciones o incumplimientos, podrían enfrentar responsabilidades compartidas junto a sus clientes.
La tecnología se vuelve una necesidad
Los expertos coinciden en que la adaptación requerirá inversiones en infraestructura tecnológica y procesos internos.
Entre las herramientas que comenzarán a ganar relevancia aparecen:
- Autenticación multifactor.
- Sistemas de monitoreo continuo.
- Cifrado de datos.
- Plataformas cloud certificadas.
- Registros de trazabilidad.
- Sistemas de prevención de pérdida de datos.
- Gestión automatizada de cumplimiento.
“La protección de datos dejará de ser una tarea reactiva para transformarse en una gestión preventiva y permanente”, afirma Fritz.
El riesgo de quedar fuera de contratos y licitaciones
Más allá de las multas, especialistas advierten que uno de los efectos más relevantes podría ser comercial.
Las grandes compañías comenzarán a exigir estándares formales de cumplimiento a sus proveedores antes de contratarlos, generando una nueva barrera de entrada para empresas que no logren adecuarse a tiempo.
En consecuencia, startups y pymes que continúen gestionando información sensible mediante planillas Excel, correos electrónicos o aplicaciones informales podrían perder oportunidades de negocio frente a competidores más preparados.
Una transformación que abre nuevas oportunidades
Aunque el escenario presenta desafíos, también podría impulsar nuevas áreas de crecimiento.
Servicios relacionados con privacidad, cumplimiento normativo, auditorías, consultoría especializada, ciberseguridad y gestión de datos aparecen entre los mercados con mayor potencial de expansión durante los próximos años.
Con esta nueva legislación, Chile comienza a alinearse con estándares internacionales similares al Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) de Europa, consolidando un escenario donde la gestión responsable de la información se convertirá en un factor clave de competitividad y confianza empresarial
