Un reciente estudio de la Universidad Autónoma de México (UNAM) encendió las alarmas sobre la realidad de la infancia en Chile.
Los datos revelan que los niños chilenos arrastran un déficit de 6.000 horas de juego libre y no estructurado.
Esta preocupante cifra se vincula directamente con el uso indiscriminado de dispositivos digitales desde edades tempranas.
La situación actual refleja una tendencia a sustituir la creatividad por el consumo pasivo de contenidos algorítmicos.
El juego como necesidad biológica imperativa
A pesar de que muchos adultos ven el juego como una actividad opcional, la neurociencia dicta una realidad diferente. Para Carolina Pérez Stephens, comunicadora y experta en desarrollo cerebral, esta actividad es vital para la salud mental.
“El juego es imperativo para el desarrollo cognitivo”, enfatizó la experta durante su intervención en el programa La Comunidad Contraataca. Sin estas horas de exploración, el cerebro infantil no logra setearse de manera sana y normal para el futuro.
Carolina Pérez Stephens, educadora de párvulos de la Universidad Católica de Chile y máster en Educación por la Universidad de Harvard, con especialización en neurociencias
Asimismo, Pérez Stephens advirtió que no se trata de cualquier tipo de actividad supervisada por adultos. Ella defiende la importancia del aburrimiento y la invención de mundos propios como motores del pensamiento crítico.
El impacto del "chupete digital" en el cerebro
Además del sedentarismo, el uso de pantallas genera una dependencia química inmediata en los menores de edad. Los niños hoy esperan un golpe dopaminérgico constante con cada video que consumen en sus dispositivos.
Debido a esto, los padres recurren frecuentemente al teléfono para mantener a sus hijos tranquilos en lugares públicos. La invitada describió esta práctica como el uso de un dispositivo para anular la biología inquieta del niño.
“Es la primera generación de la humanidad que tiene un dispositivo para dejar tranquilo a un niño diseñado para no parar”, señaló. Esta conducta priva a los menores de desarrollar herramientas sociales básicas y tolerancia a la frustración.
Igualmente, la experta comparó la estimulación cerebral de un cuento leído frente a la de una tableta electrónica. En Harvard, estudios mostraron que el cerebro se ilumina intensamente cuando hay interacción humana real y juego activo.
Actualmente, el desafío para las familias chilenas radica en recuperar esos espacios de desorden y fantasía en el hogar. Es fundamental entender que una rama o una caja de cartón pueden ser herramientas científicas naturales para un infante.
Por último, Pérez Stephens instó a los padres a no temer a la frustración de sus hijos ante la falta de tecnología. Recuperar la autonomía y el liderazgo infantil requiere, necesariamente, saldar esta millonaria deuda de horas de juego.
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