La inteligencia artificial volvió al centro del debate en Concierto Valor, esta vez enfocada en su impacto sobre el trabajo y las relaciones laborales. Uno de los puntos más comentados fue el caso de Meta y el uso de herramientas para analizar el desempeño de sus propios trabajadores.
La discusión abrió preguntas sobre automatización, reemplazo laboral y regulación tecnológica. “Las empresas están usando a los trabajadores para entrenar las máquinas”, advirtió Aisén Etcheverry.

El caso Meta y el entrenamiento de IA
En ese contexto, el panel explicó cómo algunas compañías están utilizando software que recopila información sobre procesos y hábitos laborales.
El objetivo es alimentar sistemas capaces de automatizar tareas cada vez más complejas.
Esto instala preocupación sobre el futuro de ciertos puestos de trabajo dentro de industrias tecnológicas y administrativas.
¿Cómo se forma la fuerza laboral del futuro?
Por otra parte, Etcheverry planteó dudas sobre la formación de nuevas generaciones en un escenario altamente automatizado.
La preocupación no es solo tecnológica, sino también práctica.
“Si nunca escribiste un documento, ¿cómo sabes revisarlo?”, cuestionó sobre habilidades que podrían perderse con la automatización.
Un cambio comparable a la revolución industrial
En paralelo, el debate comparó el momento actual con grandes transformaciones históricas del trabajo.
Marcelo Trivelli sostuvo que la irrupción de robots e inteligencia artificial obligará a replantear relaciones económicas y laborales completas.
El fenómeno podría modificar profundamente la forma en que las personas trabajan y generan ingresos.

El debate sobre trabajar menos
Asimismo, algunas intervenciones fueron aún más lejos respecto al futuro del empleo.
Francisco Cerda planteó que podría llegar un momento donde gran parte de los trabajos tradicionales simplemente deje de ser necesaria.
Esto abriría discusiones sobre ingresos universales y nuevas formas de organización social.
Francisco Pancho Cerda
La regulación y lo humano
Además, el panel insistió en que el desafío no pasa únicamente por regular tecnologías.
También implica discutir qué aspectos de la experiencia humana deben seguir siendo protegidos.
“La conversación es qué cosas nos hacen humanos”, señaló Etcheverry sobre el fondo del debate.
En este escenario, la inteligencia artificial ya no aparece solo como una herramienta de productividad, sino como un fenómeno que comienza a cuestionar directamente cómo trabajamos, cómo aprendemos y qué rol tendrán las personas dentro de la economía del futuro.
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