La pérdida de glaciares en Chile dejó de ser una advertencia para convertirse en una realidad medible.
Un estudio realizado durante 2025 reveló que el Ventisquero Colgante Queulat, ubicado en la Región de Aysén, perdió 0,16 kilómetros cuadrados de superficie entre 2005 y 2023. La cifra equivale aproximadamente a 16 canchas de fútbol desaparecidas en menos de dos décadas.
El fenómeno vuelve a instalar el debate sobre los efectos del cambio climático y sus consecuencias sobre la disponibilidad de agua y la conservación de la biodiversidad.
El retroceso del Ventisquero Colgante Queulat preocupa a especialistas
Las conclusiones del estudio fueron obtenidas mediante imágenes satelitales que permitieron comparar la extensión del glaciar en distintos períodos. Las diferencias observadas muestran un retroceso evidente de la masa de hielo.
Para la Dra. María Inés Díaz Morales, jefa de carrera de Ingeniería en Geomensura y Cartografía de la Universidad Bernardo O’Higgins, el problema trasciende ampliamente el impacto visual. “Los glaciares son parte de nuestra infraestructura hídrica. Actúan como reservorios que liberan agua paulatinamente durante el verano y los períodos de sequía”, explicó la especialista.
Cómo afecta la pérdida glaciar al abastecimiento de agua
Aunque el glaciar se encuentra en la Patagonia, los efectos de su deterioro pueden sentirse mucho más allá de la Región de Aysén.
Según la académica, la reducción de estas reservas naturales contribuye a disminuir la disponibilidad de agua en cuencas que ya enfrentan estrés hídrico. “La pérdida glaciar se traduce en menor disponibilidad de agua, mayor variabilidad de caudales y presión creciente sobre acuíferos sobreexplotados”, señaló.
Además, advirtió que la distancia geográfica no elimina la dependencia que distintas zonas del país mantienen respecto a estos sistemas naturales de regulación hídrica.
Un deterioro más acelerado que en décadas anteriores
Uno de los elementos que más preocupa a los investigadores es la velocidad con que se está produciendo el retroceso.
De acuerdo con Díaz Morales, el glaciar perdió cerca del 15% de su masa en apenas 18 años. La especialista sostiene que esta cifra supera ampliamente las tasas de disminución registradas durante la segunda mitad del siglo XX.
El fenómeno se ha transformado en uno de los indicadores más visibles del impacto que el cambio climático está generando sobre la criósfera chilena.
El rol de las imágenes satelitales en la evidencia climática
La utilización de herramientas de teledetección permitió documentar el fenómeno con precisión.
Para la académica, este tipo de tecnología ha cambiado profundamente la manera de abordar la discusión climática. “La teledetección transforma lo abstracto en cartografía verificable”, afirmó.
Las imágenes comparativas permiten observar directamente la disminución de la superficie glaciar sin depender exclusivamente de modelos o proyecciones futuras.
Chile aún no cuenta con una ley específica para proteger glaciares
Pese a concentrar cerca del 80% de los glaciares de América Latina, Chile todavía no posee una legislación específica para resguardar estos ecosistemas.
Según la especialista, esta ausencia genera vacíos importantes en materia de monitoreo, regulación y planificación hídrica.
Además, advierte que ciertas actividades productivas desarrolladas en zonas de alta montaña pueden afectar glaciares de roca y ambientes periglaciares que actualmente no cuentan con protección suficiente. “Sin reconocimiento legal del glaciar como bien público hídrico, su pérdida no activa mecanismos de compensación ni de adaptación”, explicó.
Las otras amenazas silenciosas para la biodiversidad chilena
En el marco del Día Internacional de la Biodiversidad, Díaz Morales también alertó sobre otros procesos menos visibles que afectan a los ecosistemas nacionales. Entre ellos mencionó la disminución de polinizadores nativos, la degradación de humedales urbanos y la fragmentación de bosques nativos.
Chile alberga más de 450 especies de abejas endémicas, muchas de las cuales enfrentan amenazas derivadas del uso de agroquímicos, la pérdida de hábitat y la introducción de especies invasoras.
Asimismo, los humedales urbanos continúan perdiendo superficie pese a su relevancia como refugio de biodiversidad, reguladores naturales de inundaciones y sumideros de carbono.
Para la especialista, proteger estos ecosistemas resulta tan importante como resguardar los glaciares, ya que todos forman parte de una misma red ambiental que sostiene la disponibilidad de agua, la biodiversidad y la resiliencia frente al cambio climático.
