La seguridad volvió al centro del debate en Concierto Valor, donde el excoordinador de la Macrozona Sur, Pablo Urquízar, analizó el escenario que enfrenta Chile ante el avance del crimen organizado y el aumento de delitos violentos.
El diagnóstico fue categórico. “La seguridad no puede verse como contingencia política”, afirmó, planteando que el país necesita una estrategia de largo plazo que trascienda gobiernos.
Un fenómeno que dejó de ser aislado
Durante la entrevista, el análisis mostró cifras que reflejan el crecimiento sostenido de distintos delitos durante la última década.
Secuestros, extorsiones y homicidios han registrado aumentos significativos desde 2014.
Esto configura un escenario donde el crimen organizado adquiere cada vez mayor capacidad de operación.
Bandas transnacionales y cooperación
Por otra parte, el debate abordó la expansión de organizaciones internacionales dentro de la región.
Bandas como Tren de Aragua o Cártel Jalisco Nueva Generación fueron mencionadas como ejemplos de estructuras que operan más allá de las fronteras.
“La única forma de desarticularlas es con cooperación internacional”, explicó Urquízar.
Un problema que afecta a todos
En paralelo, el análisis planteó que el impacto del crimen organizado ya no distingue territorios ni sectores.
“No ven si la víctima es de izquierda o derecha”, señaló, apuntando al carácter transversal de este fenómeno.
La preocupación se centra en cómo estas redes afectan las bases de funcionamiento de una democracia.
El desafío del nuevo ministerio
Asimismo, uno de los focos estuvo en el rol que deberá cumplir el nuevo Ministerio de Seguridad Pública.
La idea es avanzar hacia una coordinación más amplia entre distintas instituciones del Estado.
Esto incluye no solo a las policías, sino también organismos como Aduanas o el Servicio de Impuestos Internos.
Seguridad como política permanente
Además, el análisis insistió en que el principal desafío está en construir continuidad.
La seguridad requiere planificación, coordinación y estrategias que sobrevivan a los cambios políticos.
“El gran problema es que todo pasa a ser parte del gobierno de turno”, advirtió Urquízar.
En este escenario, el avance del crimen organizado comienza a instalar una discusión más profunda sobre cómo Chile enfrenta una amenaza que ya no aparece como un fenómeno aislado, sino como un desafío estructural para el Estado.
