El ajuste fiscal ya no es solo una cifra en un decreto. Ahora se siente en la pista, en las canchas y en los gimnasios.
El Gobierno encabezado por José Antonio Kast confirmó un recorte del 3% al presupuesto del Ministerio del Deporte, una decisión que impacta directamente a miles de deportistas a lo largo del país.
El recorte, impulsado por el Ministerio de Hacienda liderado por Jorge Quiroz, alcanza los 5,7 mil millones de pesos.
Sin embargo, más allá del número, lo relevante es su efecto inmediato. Programas clave entran en pausa y eventos emblemáticos quedan en duda.
De hecho, uno de los golpes más duros apunta a los Juegos Nacionales y Paranacionales, cuya planificación pierde más de 3.500 millones de pesos, según consignó AS.
En consecuencia, todo indica que estos eventos no se realizarán este año, dejando sin competencia a más de tres mil atletas que esperaban participar.
Este escenario no solo frena el desarrollo deportivo. También corta procesos formativos, reduce visibilidad y limita oportunidades para quienes buscan proyectarse a nivel internacional.
Menos inversión, más incertidumbre
El recorte no se detiene ahí. Según los antecedentes, el ajuste se proyecta con más fuerza hacia 2026. En ese horizonte, el Gobierno planea reducir:
- 1.117 millones de pesos en infraestructura deportiva
- Más de 700 millones para los Juegos Mundiales de Olimpiadas Especiales 2027
- Cerca de 220 millones en la Subsecretaría del Deporte
Esto dibuja un escenario complejo.
Por un lado, se ralentiza la construcción y mantención de espacios deportivos. Por otro, se debilita la capacidad del país para organizar eventos internacionales.
Mientras tanto, el silencio también marca la pauta. Hasta ahora, la ministra Natalia Duco no ha entregado declaraciones públicas sobre el impacto de estas medidas, lo que aumenta la incertidumbre dentro del ecosistema deportivo.
Los Juegos Nacionales no son solo una competencia. Funcionan como vitrina, como punto de encuentro y como motor de desarrollo regional. Su eventual suspensión deja un vacío difícil de reemplazar.
En un país donde el deporte aún lucha por consolidar financiamiento estable, este tipo de decisiones vuelve a instalar una pregunta incómoda: ¿Qué tan prioritario es realmente el deporte en la agenda pública?
