El paso de Michael Jackson por Chile en 1993 sigue siendo uno de los capítulos más recordados en la historia de los grandes conciertos realizados en el país.
Aunque su visita estuvo marcada por la euforia de miles de fanáticos y dos multitudinarios shows en el Estadio Nacional, detrás de escena ocurrían situaciones mucho más complejas.
Y algunas de ellas permanecieron ocultas durante décadas.
El incidente que desató el caos en el hotel
Según consigna Rock & Pop, uno de los episodios más delicados ocurrió al interior del entonces Hotel Hyatt de Santiago, donde el artista se hospedó durante su estadía en Chile.
Según personas vinculadas al equipo de seguridad y trabajadores del recinto, Jackson sufrió un fuerte ataque de pánico luego de quedar atrapado accidentalmente en una escalera de servicio ubicada en el piso 19.
Todo ocurrió tras un desperfecto técnico en una puerta de emergencia.
La situación habría generado una profunda crisis nerviosa en el cantante, quien no logró ser calmado rápidamente por su entorno más cercano. El episodio terminó afectando directamente su estado emocional durante los días posteriores.
Con el paso de los años, distintas versiones apuntan a que este incidente fue uno de los factores que influyó en la suspensión inicial del primero de sus conciertos programados en Santiago.
Mucho más que agotamiento físico
En ese momento, oficialmente se habló de cansancio extremo y problemas de salud.
Sin embargo, quienes estuvieron cerca de la producción sostienen que el impacto psicológico posterior al incidente en el hotel fue determinante. El miedo, la ansiedad y la sensación de vulnerabilidad habrían dejado al artista en estado de shock pocas horas antes de subir al escenario.
Mientras miles de personas esperaban respuestas afuera del Estadio Nacional, dentro de la suite presidencial el ambiente era completamente distinto.
El equipo de Jackson intentaba estabilizar emocionalmente a una de las figuras más famosas del planeta.
Una rutina marcada por la soledad
Más allá del episodio de pánico, el recuerdo que dejó Michael Jackson entre trabajadores del hotel estuvo marcado por una mezcla de extravagancia y fragilidad emocional.
Así lo relató María del Pilar Calvo, exgerenta de habitaciones del Hyatt, quien describió al cantante como una persona extremadamente tímida y aislada. “Michael era como un niño en el cuerpo de un hombre”, recordó.
Entre sus pedidos habituales aparecían helados de vainilla, jugos de zanahoria y pequeños objetos para sentirse acompañado dentro de la suite. Pero también existían escenas mucho más extravagantes.
Según distintos testimonios, el artista utilizaba botellas de champagne Don Perignon para rellenar pistolas de agua. De esta manera, podría realizar improvisadas guerras dentro de la habitación presidencial junto a miembros de su equipo.
Entre peluches, campanas para llamar asistentes y largos momentos de encierro, la visita del Rey del Pop terminó dejando una imagen muy distinta a la del ídolo inalcanzable que millones veían sobre el escenario.
Un capítulo que sigue alimentando el mito
A más de tres décadas de aquella visita, el paso de Michael Jackson por Chile continúa rodeado de historias, rumores y relatos que siguen alimentando el mito.
Porque detrás del artista más famoso del planeta también existía una figura profundamente vulnerable, enfrentada a una fama imposible de dimensionar incluso para él mismo.
