Cada 29 de abril se conmemora el Día Internacional de la Danza, una fecha que invita a reflexionar sobre el movimiento, la expresión y las múltiples formas de habitar el cuerpo.
En ese contexto, en Chile emerge una propuesta que amplía los límites tradicionales de la danza, poniendo en el centro la experiencia sensorial.
Una nueva forma de entender la danza
La llamada “danza sensorial” es un método que propone interpretar el movimiento más allá de la repetición de pasos o la técnica tradicional. En su lugar, busca activar una conexión profunda con el cuerpo y el entorno a través de distintos sentidos.
Impulsada por Dagoberto Huerta, primer bailarín sordo en Chile, esta propuesta surge desde una investigación artística que plantea una pregunta central: ¿puede el cuerpo percibir el sonido sin necesidad de oírlo?
“Esto constituye un nuevo método escénico, pedagógico y perceptual que propone una nueva comprensión de la relación entre cuerpo, sonido y significado”, explica el creador.
El cuerpo como canal de percepción
La base de este enfoque radica en entender el cuerpo como un sistema perceptivo amplio, capaz de interpretar estímulos más allá del oído.
A través de mecanismos como la propiocepción, la kinestesia y la vibración, la danza sensorial permite traducir el ritmo y la música en información corporal, emocional y espacial.
En la práctica, esto se traduce en ejercicios que invitan a experimentar el movimiento desde el tacto, la vista y la vibración: caminar descalzo sobre distintas superficies, moverse con los ojos cerrados o seguir patrones rítmicos guiados por estímulos físicos y visuales.
Desde esta perspectiva, el cuerpo sordo no es entendido como limitado, sino como un organismo con una capacidad ampliada de percepción.
Una experiencia inclusiva desde el movimiento
La propuesta también incorpora la llamada “danza de señas”, donde el lenguaje corporal se complementa con la lengua de señas y otros recursos escénicos.
El ritmo puede ser marcado por cambios lumínicos, movimientos coreográficos o dinámicas colectivas, permitiendo construir una temporalidad precisa sin depender exclusivamente del sonido audible.
Este enfoque abre nuevas posibilidades para la inclusión dentro de las artes escénicas, ampliando la forma en que se experimenta y se comparte la danza.
“Mute”: una obra desde la experiencia personal
Uno de los proyectos que nace desde esta metodología es "Mute", una obra interpretada por Dagoberto Huerta que propone un relato íntimo a través del movimiento.
Desde la mirada de su creador, se trata de una experiencia personal que aborda temas como el miedo, la resiliencia y la transformación, utilizando el cuerpo como principal herramienta narrativa.
La puesta en escena combina danza, lenguaje de señas y elementos visuales para transmitir emociones y acercar la experiencia al público desde distintos canales sensoriales.
“Estamos buscando espacios para presentar esta obra… nuestro propósito es llevar Mute a cada rincón de Chile”, señaló Huerta. De esta manera, destacó su intención de generar reflexión en torno a la inclusión y las diversas formas de percibir el arte.
Una mirada que expande los límites del arte
En el marco del Día Internacional de la Danza, propuestas como la danza sensorial abren nuevas preguntas sobre el rol del cuerpo en la creación artística.
Más allá de la técnica, el método invita a replantear la relación entre movimiento, sonido y emoción. Así, se amplía el lenguaje de la danza hacia una experiencia más inclusiva y perceptiva.
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