El debate sobre convivencia escolar en Chile ha tomado fuerza en 2026, en un escenario marcado por nuevas medidas como la restricción del uso de celulares en colegios y por el aumento de situaciones de violencia en comunidades educativas.
En ese contexto, distintos establecimientos están reforzando estrategias de prevención, donde modelos internacionales comienzan a ganar terreno como posibles respuestas a una problemática cada vez más compleja.
Un modelo internacional adaptado a la realidad chilena
El denominado “Plan Islandia” surge como una propuesta basada en el modelo Planet Youth, desarrollado originalmente en Islandia y enfocado en la prevención del consumo de sustancias en adolescentes.
En Chile, este enfoque se ha implementado desde 2018 en distintos colegios y municipios, con experiencias destacadas en comunas como Las Condes. Su principal característica es el abordaje integral del problema, considerando no solo el entorno escolar, sino también factores familiares, sociales y comunitarios.
Según explica Valentina Campos Ewert, coordinadora del programa, la iniciativa está dirigida a estudiantes desde quinto básico en adelante. Específicamente, esta se construye sobre cuatro pilares: la familia, la escuela, el grupo de pares y el uso del tiempo libre.
Consumo de sustancias y nuevas alertas en adolescentes
Uno de los focos principales del plan es enfrentar el aumento en el consumo de cigarrillos electrónicos y tranquilizantes en población escolar.
Datos recientes indican que más de la mitad de los estudiantes entre 14 y 18 años en algunas regiones del país ha probado vapeadores. A esto se suma que Chile presenta uno de los niveles más altos de consumo de tranquilizantes sin receta en Latinoamérica entre escolares.
Un estudio de SENDA advierte que el uso de este tipo de fármacos en estudiantes es significativamente mayor que en adultos, lo que ha encendido alertas en el sistema educativo.
Prevención desde la comunidad educativa
El modelo incluye herramientas concretas como la encuesta “Juventud y Bienestar”, aplicada a estudiantes de enseñanza media para levantar información sobre hábitos, entorno y factores de riesgo.
Con estos datos, se diseñan estrategias específicas para cada comunidad escolar. Estas, las cuales promueven actividades deportivas, culturales y espacios de participación que funcionen como alternativas al consumo de sustancias.
Además, se impulsa el llamado “compromiso parental”, reforzando el rol de las familias en la prevención.
Desde el ámbito educativo, Soledad Villate Cano, rectora del Colegio Pedro de Valdivia de Las Condes, destaca el impacto del programa. “Como comunidad educativa tenemos el compromiso de trabajar en conjunto y este plan así lo permite”, señaló, enfatizando la importancia de involucrar a todos los niveles del entorno escolar.
El rol activo de los estudiantes
Uno de los elementos distintivos del plan es la participación directa de los estudiantes. Algunos colegios ya cuentan con alumnos formados como líderes preventivos, quienes promueven hábitos saludables dentro de su entorno.
Una estudiante del programa, Verónica, valoró su experiencia: “Ser parte de este plan me ha hecho sentir que tengo un papel importante en mi comunidad”, comentó. De esta manera, destacó el impacto que tiene este tipo de iniciativas en la conciencia colectiva.
Una estrategia frente a un escenario complejo
En un contexto donde la violencia escolar y el consumo de sustancias aparecen como desafíos urgentes, iniciativas como el “Plan Islandia” apuntan a intervenir de forma temprana y estructural.
Más allá de medidas puntuales, el enfoque propone una transformación en la convivencia escolar. Esta, basada en la prevención, la participación y el trabajo conjunto entre distintos actores de la comunidad educativa.
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