Las secuelas de una quemadura no siempre terminan cuando la piel sana. Para muchos niños y jóvenes, las marcas visibles se convierten en una carga emocional que los acompaña por años.
Ese es el caso de Diego Peña, hoy de 20 años, quien durante toda su adolescencia vivió ocultando sus cicatrices. “Usaba gorro siempre, incluso con calor. No era una opción, era la única forma de esconderme”, recuerda.
Hoy, tras someterse a un implante capilar gratuito gracias a la alianza entre Coaniquem y Clínica Témpora, su realidad cambió por completo. “Dejé el gorro, ya no estoy pendiente de esconderme. Me siento más seguro… incluso más lindo”, afirma.
Mucho más que un procedimiento estético
Las quemaduras en la infancia siguen siendo una de las lesiones con mayor impacto a largo plazo en Chile. Más allá de lo físico, las cicatrices visibles pueden afectar profundamente la autoestima y la forma en que una persona se relaciona con su entorno.
En este contexto, el acceso a implantes capilares se transforma en una herramienta de rehabilitación integral.
Se trata de intervenciones que pueden costar cerca de $4 millones y que, en estos casos, se realizan sobre tejido cicatricial, lo que implica un nivel de especialización mayor que los tratamientos convencionales.
Una recuperación también emocional
Desde Coaniquem explican que este tipo de cirugía implica mucho más que resultados visibles.
“Para muchos niños, esta es la única imagen corporal que han conocido. Recuperar el cabello no es solo estético, es parte de reconstruir la identidad y sanar”, señala la doctora Karol Gac.
El impacto se refleja directamente en los pacientes. La posibilidad de verse distintos en el espejo cambia su percepción personal, pero también su interacción social y su seguridad.
Un cambio que se nota desde el primer momento
En Clínica Témpora, donde se realizan estos procedimientos, el componente emocional es evidente.
“Cuando empiezan a ver crecer su pelo y se miran al espejo, su reacción lo dice todo. Es un proceso de recuperación mucho más profundo”, explica el doctor Francisco Castellón.
La sonrisa de los pacientes, coinciden los especialistas, es el indicador más claro de que el tratamiento va más allá de lo médico.
Una alianza que busca crecer
A dos años de su implementación, ambas instituciones proyectan ampliar este programa, con el objetivo de llegar a más pacientes que puedan beneficiarse de este tipo de intervenciones.
Porque en estos casos, la cirugía no solo cubre cicatrices: reconstruye confianza, identidad y la posibilidad de mirar hacia adelante sin esconderse.
