El cambio de hora vuelve a instalarse en el centro del debate. Este sábado 4 de abril, Chile deberá atrasar sus relojes en 60 minutos para dar inicio al horario de invierno, una medida habitual que, sin embargo, sigue generando cuestionamientos desde el mundo científico.
Y es que, más allá de lo práctico, la evidencia acumulada apunta a un problema de fondo: alterar el reloj dos veces al año tiene efectos reales en el organismo.
La evidencia científica: mejor un horario fijo
Un estudio reciente publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences modeló distintos escenarios de política horaria y llegó a una conclusión clara: los cambios bianuales generan mayor desajuste en el sistema circadiano que mantener un horario estable.
Además, las simulaciones sugieren que un horario permanente equivalente al de invierno se asocia a beneficios en salud pública, como:
- Menor prevalencia de obesidad
- Reducción de accidentes cerebrovasculares
El impacto en el cuerpo: no es solo cansancio
El problema no se limita a sentirse más cansado. Según investigaciones como “El lado oscuro del horario de verano”, desarrollada por Harvard University, los ritmos circadianos dependen directamente de la luz natural.
Cuando se modifica la hora oficial, el cuerpo puede tardar días o incluso semanas en adaptarse.
“El reloj biológico no cambia de un día para otro solo porque movimos las manecillas”, explica Luis Larrondo, director del Instituto Milenio de Biología Integrativa (iBio).
Riesgos asociados al cambio de hora
Diversos estudios han identificado efectos concretos tras estos ajustes:
- Alteraciones en la calidad del sueño
- Disminución del rendimiento
- Mayor vulnerabilidad en el estado de ánimo
- Aumento transitorio de accidentes de tránsito
- Incremento de eventos cardiovasculares en algunos casos
Para los especialistas, se trata de un desajuste biológico que impacta en múltiples dimensiones de la vida cotidiana.
¿Horario de invierno permanente?
Una de las propuestas más respaldadas por la comunidad científica es mantener el horario de invierno (GMT-4) durante todo el año.
Según Luis Larrondo, esto permitiría una mejor sincronización con la luz natural, facilitando procesos clave del organismo.
“Despertar con luz natural activa nuestras funciones de forma más armónica. Forzar inicios de jornada en oscuridad va contra nuestra programación interna”, señala.
Los más afectados: niños y adolescentes
El impacto no es igual para todos. Niños, adolescentes y personas con cronotipos nocturnos suelen resentir más estos cambios.
Esto puede traducirse en:
- Bajo rendimiento escolar
- Dificultades laborales
- Mayor riesgo en seguridad vial
El debate sigue abierto, pero el consenso científico es cada vez más claro: más que preguntarse si el cambio de hora tiene efectos, la discusión hoy apunta a si tiene sentido mantener una práctica que, dos veces al año, desajusta el reloj biológico de millones de personas.
