La misión Artemis II concluyó con éxito su capítulo más arriesgado.
Tras 10 días de travesía por el espacio profundo, los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen regresaron a la Tierra este viernes.
La tripulación enfrentó una reentrada atmosférica extrema que el piloto Victor Glover describió gráficamente como ir “montados en una bola de fuego”.
El descenso comenzó a las 19:53 (hora de la costa este de EE. UU.), iniciando un periodo de 13 minutos de máxima tensión.
Durante esta maniobra, la cápsula Orion alcanzó velocidades superiores a los 40.000 kilómetros por hora.
La fricción con los gases de la atmósfera elevó la temperatura exterior de la nave por encima de los 2.500 grados centígrados, sometiendo a la estructura a un castigo térmico sin precedentes para naves modernas.
El escudo térmico supera la prueba de fuego
La maniobra de hoy puso a examen el componente más vigilado de la misión: el escudo térmico.
Este elemento generó preocupación entre ingenieros veteranos de la NASA tras presentar desperfectos menores durante el vuelo no tripulado de Artemis 1. Sin embargo, en esta ocasión la nave resistió el embate del calor extremo sin inconvenientes reportados.
A pocos kilómetros de altura sobre el Océano Pacífico, el sistema de paracaídas se desplegó según la secuencia programada para frenar el impacto contra el agua.
La cápsula amerizó finalmente cerca de la costa de San Diego, en California, donde un buque de la Armada de los Estados Unidos inició de inmediato las labores de rescate de los cuatro tripulantes.
Un paso decisivo hacia la superficie lunar
Con el fin de Artemis II, la agencia espacial valida los sistemas de soporte vital y la seguridad de la nave para misiones tripuladas de larga duración. Este hito elimina las dudas sobre la capacidad de la cápsula para proteger a los astronautas en las condiciones más hostiles del viaje.
La exitosa llegada de Wiseman, Glover, Koch y Hansen cierra una misión histórica que no solo rompió récords de distancia para naves diseñadas para humanos, sino que despeja definitivamente el camino para Artemis III.
Aquella próxima etapa buscará, finalmente, depositar nuevamente botas humanas sobre el polvo lunar después de más de medio siglo.
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