La forma en que leemos y aprendemos volvió al centro del debate en Concierto Valor, donde se cuestionó una de las ideas más instaladas sobre productividad: la capacidad de hacer varias cosas al mismo tiempo.
El punto de partida es directo. “El multitasking no existe”, afirmó Rocío Fonseca, planteando que el cerebro no opera en paralelo, sino que cambia rápidamente de una tarea a otra.
Un cerebro que no trabaja en paralelo
El análisis de Rocío Fonseca plantea que lo que muchas veces se interpreta como multitarea es, en realidad, una secuencia de acciones.
Cada cambio implica una pérdida de foco y eficiencia, aunque no siempre sea evidente.
Esto afecta directamente la forma en que procesamos información y adquirimos conocimiento.
La lectura en tiempos de inmediatez
Por otra parte, el debate abordó cómo esta lógica impacta la relación con los libros.
El uso de audiolibros mientras se realizan otras actividades abre una discusión sobre la calidad de la experiencia.
“Tenemos que imbuirnos y estar en sosiego con ese aprendizaje”, explicó Fonseca, cuestionando el consumo fragmentado.
Más que información, comprensión
En paralelo, el análisis destacó que leer no es solo recibir contenido, sino procesarlo de forma profunda.
La atención sostenida permite conectar ideas, generar reflexión y construir pensamiento crítico.
Cuando la lectura se convierte en una actividad secundaria, esa profundidad se pierde.
Un desafío formativo
Asimismo, el debate planteó un punto clave en el ámbito educativo.
La formación de hábitos de lectura no puede delegarse ni simplificarse.
“Es responsabilidad instalar la necesidad de leer y no hacer el resumen”, señaló, advirtiendo sobre el riesgo de reemplazar procesos cognitivos por atajos.
Entre tecnología y atención
Además, el análisis conectó este fenómeno con el contexto actual, donde la tecnología facilita el acceso, pero también fragmenta la atención.
El desafío está en equilibrar herramientas con prácticas que permitan sostener la concentración.
Esto se vuelve especialmente relevante en un entorno donde la velocidad muchas veces se impone sobre la profundidad.
En este escenario, cuestionar el multitasking no solo implica revisar hábitos de productividad, sino también repensar cómo aprendemos, cómo leemos y cuánto espacio le damos a la concentración en la vida cotidiana.
