En un escenario donde el contacto con dispositivos ocurre cada vez más temprano, surge una pregunta clave: ¿cómo evitar que las pantallas reemplacen experiencias fundamentales para el desarrollo infantil?
Durante los primeros años de vida, el cerebro atraviesa una etapa crítica de desarrollo neurocognitivo, en la que se forman millones de conexiones neuronales. Estas se fortalecen principalmente a través del juego, la exploración y la interacción humana, elementos esenciales para el aprendizaje integral.
En esa línea, la guía Infancias y Pantallas (2026) de la Subsecretaría de Educación Parvularia advierte que la sobreexposición a dispositivos digitales puede afectar procesos como la atención, el lenguaje y la resolución de problemas.
El rol de la educación en los primeros años
Frente a este escenario, distintos espacios educativos están reforzando metodologías que priorizan la experiencia directa por sobre el uso de pantallas.
Un ejemplo es el Nursery de Pumahue Chicureo, donde la sala cuna se plantea como un entorno de aprendizaje activo, centrado en la exploración, el juego guiado y la interacción con educadores.
Este enfoque está inspirado en el modelo pedagógico Reggio Emilia, que posiciona a los niños como protagonistas de su propio aprendizaje, promoviendo la curiosidad y la creatividad desde los primeros meses.
Experiencias clave para el desarrollo infantil
El énfasis en el aprendizaje activo se traduce en experiencias concretas que potencian distintas áreas del desarrollo:
- Exploración sensorial: el contacto con distintos materiales permite fortalecer conexiones neuronales que no pueden ser reemplazadas por estímulos digitales.
- Juego guiado: favorece la resolución de problemas, la autonomía y la creatividad desde edades tempranas.
- Vínculo y lenguaje: la interacción directa con adultos y la narración de historias enriquecen el desarrollo comunicativo.
Además, estos espacios suelen contar con equipos multidisciplinarios que incluyen terapeutas ocupacionales, kinesiólogos y fonoaudiólogos. Esto permite un acompañamiento integral en el crecimiento de niños y niñas.
Preparación para el futuro en un mundo digital
Más allá de restringir la tecnología, el desafío está en su uso equilibrado. Según explica Andrea Correa, rectora de Pumahue Chicureo, combinar experiencias de exploración con un uso consciente de dispositivos permite desarrollar una relación más saludable con el entorno digital.
En este contexto, actividades como juegos sin pantallas, experimentos simples y rutinas de interacción social ayudan a formar usuarios críticos, creativos y capaces de desenvolverse en un mundo cada vez más digitalizado.
Así, la educación en la primera infancia no solo cumple un rol formativo, sino también preventivo. Siendo este resguardar el desarrollo emocional, social y cognitivo en una etapa clave de la vida, donde el asombro y el vínculo siguen siendo insustituibles.
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