Un nuevo estudio global de Mujeres en VG de 2026 alarmó a la comunidad gamer. De 2.993 mujeres encuestadas, el 73% ha presenciado discriminación, acoso o malos tratos hacia otras mujeres dentro de espacios vinculados a videojuegos.
Este dato no pregunta si fueron víctimas directas, sino si observaron estos comportamientos. Lo que sugiere una violencia estructural y normalizada en comunidades de juego online y offline.
Los resultados muestran que estos comportamientos no son casos aislados sino parte del “paisaje cotidiano” para muchas mujeres gamers. Especialmente en entornos competitivos o de alta exposición como chats de voz o plataformas públicas de juego.
Este patrón se alinea con investigaciones globales que encuentran altos niveles de hostilidad y sexismo hacia mujeres en entornos de juego. Donde incluso cerca de la mitad de mujeres reportan haber presenciado acoso sexual en partidas online según investigaciones académicas independientes.
Violencia observada se traduce en autocensura y abandono
El informe destaca que observar violencia constante genera efectos profundos. Muchas mujeres sienten la necesidad de autocensurarse, limitar el uso del chat de voz o esconder su identidad de género para evitar interacciones hostiles.
Este fenómeno, llamado “amenaza invisible”, limita no solo cómo se juegan los videojuegos. Sino también quiénes se atreven a aparecer públicamente como mujeres dentro de la comunidad.
En la práctica, esto significa que muchas jugadoras evitan ciertos espacios, cambian sus nombres o simplemente optan por juegos single‑player o servidores cerrados donde el riesgo de acoso es menor.
Estas estrategias de autoprotección reducen la presencia visible de mujeres en juegos competitivos y plataformas sociales importantes.
Más allá de la cifra: ¿por qué ocurre este problema?
El gaming ha crecido enormemente en los últimos años y, según varias investigaciones, casi la mitad de todas las mujeres jugadoras sienten que deben ocultar su identidad o adaptarse para evitar acoso.
Esta hostilidad se alimenta de estereotipos, culturales y de género, que aún vinculan el “ser gamer” con un perfil masculino dominante.
Estudios similares han encontrado que la representación de mujeres en videojuegos y comunidades sigue siendo desigual y, en muchos casos, problemática, contribuyendo a la percepción de que el espacio no es acogedor para todas.
Las consecuencias van más allá de experiencias individuales:
- Menor participación visible de mujeres en torneos, streaming y competiciones.
- Reducción de la diversidad en comunidades y contenidos de gaming.
- Barreas para que mujeres aspiren a roles profesionales en la industria.
Expertos señalan que la violencia observada y la normalización del acoso pueden reforzar un ciclo de exclusión, donde no solo se desencanta a jugadoras actuales, sino que se desincentiva a nuevas generaciones de mujeres a entrar o permanecer en el ecosistema gamer.
La industria bajo la lupa
Javiera Paz Sepúlveda, cofundadora de Mujeres en VG, advierte que el crecimiento de la comunidad no ha venido acompañado de cambios culturales a la misma velocidad, y que ignorar estas cifras equivale a normalizar la violencia estructural contra mujeres en gaming.
Expertos y activistas llaman a diversas medidas:
- Moderar y penalizar acoso dentro de juegos y chats.
- Promover campañas educativas anti‑violencia y de inclusión.
- Fomentar espacios seguros para mujeres jugadoras y creadoras.
- Revisar políticas de conducta en plataformas y competencias.
Sin acciones concretas, advierten, este problema no solo perjudica la experiencia de juego, sino que limita el crecimiento y la diversidad de toda la comunidad gamer.
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