Marzo se ha consolidado como un mes crítico para la salud física infantil.
Según datos de Clínica CRL, las consultas traumatológicas pediátricas aumentan entre un 25% y 30% en comparación con el verano, alcanzando cifras similares a las registradas durante las vacaciones de invierno.
Las causas detrás
La principal causa es el retorno abrupto a rutinas deportivas exigentes, muchas veces sin una adaptación progresiva.
“Estamos viendo menores que retoman entrenamientos competitivos sin una progresión adecuada. Durante los periodos de crecimiento, las placas de crecimiento son más vulnerables. Si la carga mecánica no está bien dosificada, el riesgo de fracturas y lesiones por sobreuso se dispara”, explica la doctora Daniela Cuadra, directora médica de Clínica CRL y especialista en Medicina Deportiva.
Especialización temprana y lesiones invisibles
Uno de los factores que más preocupa a los especialistas es la especialización deportiva precoz. Niños que practican un solo deporte de manera intensiva durante todo el año presentan mayor prevalencia de patologías. Algunos ejemplos son el dolor anterior de rodilla (Osgood-Schlatter) o tendinitis por sobreuso.
En disciplinas de contacto o pivote, como fútbol, rugby o básquetbol escolar, también aumentan las conmociones cerebrales. “Existe el mito de que los niños siempre se recuperan mejor que los adultos, pero en el caso de las conmociones, el cerebro en desarrollo es mucho más vulnerable a impactos repetidos”, advierte la experta.
Señales de alerta
Los especialistas recomiendan consultar si el menor presenta dolor persistente por más de 48 a 72 horas, cojera, limitación funcional, mareos, cefalea tras un golpe o inflamación importante en una articulación.
“El movimiento es medicina, siempre que sea dosificado y supervisado. El objetivo no es solo tratar la lesión, sino prevenir secuelas”, concluye Cuadra.
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