A solo 35 años luz de distancia, este planeta sorprende desde el primer análisis. Por un lado, presenta una densidad inusualmente baja.
Por otro, muestra una atmósfera rica en azufre, algo que no encaja con los modelos actuales. En consecuencia, los científicos comenzaron a sospechar que estaban frente a algo completamente distinto.
Un planeta con océanos de magma y gases tóxicos
A medida que avanzaron las investigaciones, los modelos computacionales revelaron un escenario extremo. El interior de L 98-59 d estaría dominado por un gigantesco océano de magma, compuesto por silicatos fundidos, similar a la lava terrestre pero a una escala planetaria.
Este detalle cambia completamente el panorama. Ese océano no solo define su estructura interna, sino que además actúa como un depósito químico que almacena azufre durante miles de millones de años.
Al mismo tiempo, ese material se libera hacia la atmósfera, generando un ciclo constante.
Como resultado, el planeta mantiene una atmósfera densa rica en hidrógeno y compuestos como el sulfuro de hidrógeno.
Aunque la radiación de su estrella debería haber eliminado estos gases hace mucho tiempo, el intercambio químico entre el interior y la atmósfera evita que eso ocurra, según consignó DW.
El James Webb detecta señales clave desde el espacio
El punto de inflexión llegó en 2024, cuando el Telescopio Espacial James Webb detectó dióxido de azufre en las capas altas de la atmósfera. Este hallazgo confirmó que procesos químicos complejos ocurren en el planeta, impulsados por la radiación ultravioleta de su estrella.
Además, esta evidencia refuerza una idea clave. Los planetas pueden evolucionar de formas mucho más diversas de lo que se pensaba.
Por eso, misiones futuras como Ariel y PLATO, impulsadas por la Agencia Espacial Europea, buscarán estudiar cientos de exoplanetas para entender mejor estos fenómenos.
Un hallazgo que cambia lo que sabemos del universo
Aunque los expertos descartan que este planeta pueda albergar vida, su importancia científica resulta enorme. De hecho, L 98-59 d abre una nueva categoría potencial de mundos. Planetas con interacción activa entre magma y atmósfera.
En otras palabras, este descubrimiento no solo suma un nuevo planeta al catálogo. Más bien, redefine las reglas del juego. Y mientras la tecnología avanza, todo indica que el universo aún guarda sorpresas mucho más extrañas de lo que imaginamos.
