Para muchas personas, el fin de las vacaciones no viene acompañado de energía renovada, sino de una sensación de cansancio inmediato, estrés y dificultad para retomar el ritmo laboral. Este fenómeno tiene nombre: burnout postvacacional, una forma de desgaste que aparece cuando la transición entre el descanso y el trabajo se realiza de manera abrupta.
Según explica Andrés Gómez, CEO de Rex+ y especialista en gestión de personas, existe una expectativa poco realista en torno a las vacaciones. “Se asume que el descanso resolverá todo, pero muchas personas regresan igual o incluso más agotadas que antes”, señaló en conversación con ADN Te Acompaña.
El problema no son solo las vacaciones
De acuerdo con el especialista, el foco del problema no está únicamente en el período de descanso, sino en la falta de planificación del antes y el después. Una de las principales fallas es volver al trabajo intentando resolver todos los pendientes desde el primer día.
“No se trata de trabajar menos, sino de priorizar. El error es querer retomar todo al mismo tiempo, sin un orden ni una transición”, explica Gómez. Esta exigencia inmediata genera una sobrecarga mental que neutraliza cualquier beneficio que hayan tenido las vacaciones.
Tres señales de alerta que no hay que ignorar
Desde su experiencia en gestión organizacional, Gómez identifica tres señales claras de que el retorno laboral se está transformando en un problema:
- Una mente permanentemente alerta, incapaz de desconectarse.
- Dificultades para dormir más de siete horas continuas.
- Sensación de cansancio persistente, incluso después de dos semanas de descanso.
“Eso genera frustración. La persona se pregunta por qué, si estuvo de vacaciones, vuelve tan agotada”, advierte.
La desconexión real sigue siendo una deuda
Otro factor clave es que la desconexión durante las vacaciones rara vez es total. Diversos estudios indican que más del 80% de los trabajadores realiza algún tipo de gestión laboral mientras descansa, como responder correos o mensajes.
“La norma dice que no debería haber contacto, pero en la práctica ocurre. Por eso es fundamental anticiparse: dejar reemplazos claros, traspasar información crítica y coordinar con la jefatura antes de salir”, sostiene Gómez.
El valor del “soft landing”
En este escenario, cobra fuerza el concepto de soft landing o aterrizaje suave, una estrategia que apunta a una reincorporación progresiva al trabajo. Esta práctica contempla jornadas más acotadas y una carga laboral gradual durante los primeros días posteriores a las vacaciones.
“Es una medida que se entiende como parte del cuidado de la salud mental y que, a largo plazo, mejora la productividad”, afirma el especialista.
Planificar la vuelta también es cuidarse
Para Gómez, la conclusión es clara: planificar la salida es tan importante como planificar el regreso. “Si no logramos una desconexión efectiva y una reincorporación gradual, el burnout aparece rápido. Y eso no es solo un problema individual, sino un tema de gestión y cultura organizacional”, concluye.
Volver al trabajo no debería sentirse como un choque frontal. A veces, la clave está en bajar un cambio antes de volver a acelerar.
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