Mientras miles de chilenos buscan desesperadamente una reserva en restaurantes de lujo este 14 de febrero, dos parejas han decidido romper todos los esquemas.
El escenario no es un centro de eventos ni una parroquia antigua, sino el McDonald’s de Avenida Kennedy, en el corazón del sector oriente de Santiago. Allí, entre el aroma a papas fritas y el flujo constante del Automac, el amor dejará de ser simbólico para volverse legal.
Lo que inició como una creativa campaña de marketing para el Día de los Enamorados, escaló hasta convertirse en un hito social.
McDonald’s no solo puso el local, la franquicia financió los trajes, el maquillaje, el juez y hasta anillos de diseño exclusivo para que dos parejas contrajeran matrimonio real frente a las cámaras y los comensales.
Matrimonio en McDonald’s: un cierre de ciclo con aroma a infancia
Para Lizette (26) y Nicolás (28), esta boda es mucho más que una excentricidad. Su historia comenzó en las salas de clases hace una década y hoy ya tienen un hijo.
Sin embargo, el vínculo con la "M" amarilla viene de mucho antes: la madre de Nicolás trabajó años en la cadena, y él creció viéndola preparar hamburguesas.
Como un amuleto de buena suerte, el novio lucirá un pin original de la marca con 20 años de antigüedad. "Casi todas nuestras citas han sido en un McDonald’s", confiesa la pareja, asegurando que el destino los puso frente a un anuncio de Instagram que buscaba "valientes" para casarse de verdad. Para ellos, el local es su lugar seguro, su "confesionario" de citas pasadas y ahora, su altar oficial.
Los vecinos que desafían la tradición
La segunda pareja, Nicole (32) y Roberto (28), representa la espontaneidad pura. Se conocieron hace 13 años cuando él llegó como el "vecino nuevo" del pasaje. Aunque tenían planes de casarse en septiembre, una postulación secreta de Nicole cambió el calendario.
"Nos caracterizamos por no seguir las reglas tradicionales", explica Roberto. Para ellos, el McDonald’s ha sido el escenario de sus conversaciones más profundas e incluso de aquellas "incómodas" que fortalecen a una pareja.
Al ser elegidos, no lo dudaron: adelantaron su vida juntos para subirse al barco de una boda que pocos podrían imaginar.

Más que marketing: un mensaje contra el prejuicio
La jornada en el Automac de Kennedy no es solo una estrategia de redes sociales. Es un recordatorio de que los protocolos rígidos están quedando atrás.
Mientras cientos de conductores hacen fila para una "boda simbólica" en sus vehículos (una promoción que agotó cupos en tiempo récord), Nicole, Roberto, Lizette y Nicolás estarán firmando la libreta de matrimonio real al interior.

"Vivan el amor sin miedo al qué dirán. La felicidad se construye en estos momentos que vas a recordar toda la vida", sentenciaron los protagonistas antes de dar el paso definitivo.
Este San Valentín, el "felices por siempre" en Santiago de Chile tiene sabor a cajita feliz y un mensaje claro. Lo importante no es el lugar, sino con quién decides compartir la fila de la vida.


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