Quienes padecen prosopagnosia viven constantemente con el desafío de realizar este aspecto cotidiano.
Muchas veces tenemos complicaciones para identificar a ciertas personas. Sin embargo, la condición también llamada "ceguera facial" no tiene que ver simplemente con la visión ni la memoria, sino con el el reconocimiento facial.
¿En qué consiste?
Este trastorno neurológico radica en la dificultad del cerebro para procesar e identificar caras. La persona puede ver perfectamente los ojos, la nariz y la boca, pero le resulta complicado integrar estos ragos para reconocer a alguien.
Quienes tienen prosopagnosia viven la complicación del acceso automático a la identidad a partir del rostro. Este aspecto ha convertido al trastorno en un modelo clave para estudiar cómo el cerebro construye el reconocimiento social.
Uno de los hallazgos más influyentes en este campo fue la identificación en el cerebro de la llamada “área fusiforme de las caras”. Se trata de una región que responde de forma selectiva a los rostros humanos.
Según The Conversation, investigaciones posteriores demostraron que la identificación de rostros no depende de un único centro, sino de una red distribuida que integra información perceptiva, emocional y biográfica.
Esta se puede originar a raíz de una lesión o "del desarrollo". Esta última se produce desde la infancia como un déficit específico y estable del procesamiento facial.
Aunque se considera poco frecuente, estudios citados por el psicólogo Oliver Serrano León estiman que hasta un 2% de la población podría presentar formas hereditarias, muchas veces sin diagnóstico formal.
Esta agnosia visual es poco conocida, pero entenderla ayuda a generar más empatía. Comprender su origen evita interpretaciones erróneas, como atribuir el problema al desinterés o a la falta de atención. Además, favorece entornos más comprensivos en el ámbito educativo, laboral y social.
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