Noticias

¿Por qué Marty Supreme suena a los 80 si ocurre en los 50? El secreto detrás del soundtrack de Timothée Chalamet

El soundtrack de Marty Supreme une éxitos de los 80 y la música de Daniel Lopatin para modernizar la ambición de Timothée Chalamet.

Marty Supreme

La llegada de Marty Supreme a las salas de cine y centros culturales en Chile ha provocado un fenómeno poco común en el cine biográfico. El público no sale hablando solo de la actuación de Timothée Chalamet, sino de una banda sonora que rompe todas las reglas del tiempo.

Bajo la dirección de Josh Safdie, la película se sumerge en la década de 1950, pero sus oídos están puestos firmemente en 1980. ¿Error histórico o genialidad narrativa? Aquí analizamos por qué esta apuesta anacrónica es la clave del éxito del filme.

La psicología del anacronismo: el sueño americano en sintetizadores

A primera vista, escuchar los sintetizadores de “Everybody Wants To Rule The World” de Tears For Fears mientras vemos la estética de la posguerra podría parecer un error de montaje. Sin embargo, la intención de Safdie y su equipo es mucho más profunda.

La música de los 80 funciona como una metáfora de la ambición. Para el protagonista, el éxito no suena a las baladas de su época, sino a una idea "futurista" de grandeza.

Los ritmos de New Order y la energía de Alphaville con “Forever Young” inyectan una urgencia moderna a una historia clásica, conectando la ansiedad del "sueño americano" con una audiencia contemporánea que reconoce en esos himnos la búsqueda eterna del triunfo.

Daniel Lopatin: el arquitecto del sonido

El responsable de este ecosistema sonoro es Daniel Lopatin, mejor conocido en la escena electrónica como Oneohtrix Point Never. Lopatin, colaborador habitual de los Safdie (Uncut Gems, Good Time), ha diseñado un score de 23 pistas que es, en sí mismo, una pieza de vanguardia.

Un soundtrack que se vuelve viral

La participación de leyendas como Peter Gabriel, quien celebró desde su portal oficial la inclusión de “I Have The Touch”, confirma que este no es un soundtrack cualquiera.

Es una curaduría que busca trascender la fidelidad histórica para alcanzar la fidelidad emocional.

"La música no acompaña a Marty, la música es la mente de Marty, acelerada, ambiciosa y fuera de su tiempo", señala la crítica especializada.

Al alejarse de los clichés del jazz y el swing propios de los 50, Marty Supreme logra algo que pocas películas de época consiguen. Sentirse absolutamente presente. Es una experiencia sensorial que demuestra que, en el arte, el tiempo es relativo cuando el ritmo es el correcto.


Contenido patrocinado

Compartir