Desde su estreno, "Hamnet" ha generado debate por la premisa que sostiene: que la muerte del hijo de William Shakespeare habría sido el detonante creativo detrás de su obra más célebre.
La película propone que esa tragedia personal fue el motor que impulsó al dramaturgo a escribir, estableciendo un vínculo directo entre duelo y creación artística. Una hipótesis que, aunque seductora en términos narrativos, no convence a todos. Incluso a personajes relevantes del mundo del cine.
La mirada crítica de Ian McKellen
Uno de los que ha manifestado reservas es Ian McKellen, reconocido mundialmente por interpretar a Gandalf en "El Señor de los Anillos" y a Magneto en "X-Men", pero también por su extensa trayectoria en el teatro shakesperiano.
Con años de experiencia en la Royal Shakespeare Company, el actor británico cuestionó la idea de reducir la imaginación del dramaturgo a un solo episodio personal. “No estoy muy interesado en tratar de averiguar de dónde vino la imaginación de Shakespeare, pero ciertamente no vino solo de la vida familiar”, señaló en declaraciones recogidas por Infobae.
McKellen también advirtió sobre los riesgos de las licencias cinematográficas cuando se trata de figuras históricas. Comparó el enfoque con otras producciones que ficcionan la vida del autor, subrayando que este tipo de relatos tienden a simplificar procesos creativos complejos.
“Como ocurre con ‘Shakespeare in Love’, estas historias tienen visiones extrañas sobre cómo se crean las obras”, sostuvo.
El actor fue más allá al plantear que resulta imposible saber con certeza cómo era la dinámica íntima del escritor y su entorno. Y no solo se quedo ahí, sino que también cuestionó ciertas interpretaciones sobre el rol de Anne Hathaway en el relato.
Más que un actor, un referente del teatro clásico
La postura de McKellen no surge desde la distancia. Su vínculo con la obra de Shakespeare ha sido constante a lo largo de su carrera, participando en montajes tradicionales e innovadoras.
Mientras "Hamnet" continúa consolidándose en la conversación de la temporada de premios, las palabras de McKellen vuelven a instalar una discusión antigua pero vigente: ¿hasta qué punto la ficción puede reinterpretar la vida de un creador sin simplificar su genio?
