Marzo no solo marca el fin del descanso. Para muchas personas, también representa un choque físico que el cuerpo no siempre procesa de buena manera. El llamado síndrome postvacacional suele asociarse al ánimo bajo o a la falta de motivación, pero sus efectos también se manifiestan en contracturas, dolores persistentes y tensión acumulada.
La doctora Daniela Cuadra, directora médica de Clínica CRL, explica que el retorno repentino a las obligaciones puede generar bloqueos musculares reales. “A nivel físico podemos volver a la rutina con dolencias que dificultan retomar nuestra vida normal”, señala. Según la especialista, el organismo pasa de un estado de relajo a una carga abrupta de cortisol —la hormona del estrés—, lo que activa una respuesta inflamatoria.
Del descanso al estrés: un cambio brusco para el cuerpo
Durante las vacaciones, el cuerpo se desacostumbra a largas jornadas sedentarias y exigencias mentales constantes. Al retomar el trabajo o los estudios, se produce un cambio súbito que impacta directamente en la musculatura.
Existe una conexión directa entre el cerebro y los músculos. Cuando la mente percibe la rutina como amenaza, el cuerpo responde tensionándose, especialmente en la zona cervical y los trapecios. A esto se suma la mandíbula, donde el bruxismo actúa como vía de descarga del estrés acumulado, generando cefaleas que muchas veces se normalizan.Señales que no debes ignorar
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran:
- Dolores de cabeza al despertar.
- Hormigueo en manos por posible compresión nerviosa cervical.
- Molestias al respirar profundo, vinculadas a tensión torácica.
- Trastornos del sueño producto del dolor persistente.
Estas señales indican que el cuerpo está en alerta.
Cómo enfrentar marzo sin lesionarse
Los especialistas recomiendan un retorno progresivo a la rutina, evitar sobreexigirse en la primera semana y realizar pausas activas cada 50 minutos. También aconsejan retomar la actividad física de manera gradual y no compensar el sedentarismo con entrenamientos intensos repentinos.
“El dolor es un semáforo en rojo”, advierte Cuadra. Si las molestias interfieren con el descanso o se irradian hacia brazos y hombros, es importante consultar para evitar que una contractura temporal se transforme en una lesión crónica durante el año.
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