La tercera participación de Rodrigo Villegas en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar no partía sencilla. El público aún vibraba con la presentación de Pet Shop Boys, y el “Monstruo” pedía más música.
Sin embargo, el humorista supo leer el ambiente y giró hacia un terreno que maneja con comodidad: la nostalgia.
Humor musical y guiños generacionales
Con un espectáculo cargado de referencias a fines de los 80 y los 90, Villegas apostó por el humor musical y por una conexión directa con las generaciones que crecieron con ese repertorio.
A sus 49 años, desplegó una rutina que combinó relatos cotidianos, guiños culturales y remates ligados a la memoria colectiva, logrando instalar risas de manera progresiva en la Quinta Vergara.
El punto más alto llegó hacia el final del show, cuando revivió personajes de su etapa en Morandé con Compañía. En esta, incluyó a los recordados Blondon Boys, recurso que terminó de inclinar la balanza a su favor.
Redes divididas, Quinta rendida
Si bien en el recinto la recepción fue positiva, en redes sociales el debate fue más intenso. Mientras algunos usuarios aplaudieron la efectividad de su propuesta y el manejo del escenario, otros cuestionaron el tono y la estructura de la rutina.
Pese a ese contraste digital, el veredicto importante fue el de la Quinta Vergara.
El público solicitó los máximos reconocimientos y Rodrigo Villegas se retiró del escenario con Gaviota de Plata y Gaviota de Oro, sellando así una presentación que logró imponerse en una noche compleja.
Con nostalgia, ritmo y personajes clásicos, el comediante volvió a demostrar que sabe cómo enfrentarse al “Monstruo” y salir fortalecido.
