A un año de uno de los eventos que puso en debate la resiliencia del sistema energético, el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) enfrenta un desafío estructural: el rápido crecimiento de la generación renovable supera la capacidad de transporte de las redes, generando estrés operativo y cifras históricas de vertimiento de energía limpia.
Actualmente, el SEN cuenta con más de 40.000 kilómetros de líneas de transmisión y 1.251 subestaciones eléctricas. Sin embargo, buena parte de esta infraestructura presenta altos niveles de exigencia y antigüedad, lo que tensiona las estrategias tradicionales de mantención.
El límite de las soluciones tradicionales
Desde la industria sostienen que la respuesta no pasa únicamente por ampliar la red. Giovanni Oneto, Director de Operaciones Zona Centro de Equans Chile, plantea que el sistema requiere un salto tecnológico.
Según explica, el principal obstáculo es que gran parte de la infraestructura opera bajo esquemas analógicos que dificultan la obtención de datos en tiempo real. Esto impide anticipar fallas y obliga a reaccionar cuando el problema ya está en curso.
La transición hacia modelos de mantenimiento predictivo permitiría identificar riesgos antes de que se materialicen, reduciendo interrupciones y mejorando la gestión de activos.
Smart Grids y subestaciones digitales
La evolución hacia redes inteligentes —Smart Grids— introduce comunicación bidireccional entre empresas, usuarios y sistema eléctrico. Gracias a sistemas SCADA y subestaciones digitales, es posible monitorear variables críticas en tiempo real y ajustar dinámicamente el flujo energético.
Entre sus ventajas destacan:
- Monitoreo avanzado y automatización.
- Integración más eficiente de energías renovables.
- Mayor resiliencia ante variaciones en la demanda.
- Capacidad de anticipar fallas mediante análisis predictivo.
Las subestaciones digitales, que reemplazan cableado tradicional por fibra óptica y redes de comunicación avanzadas, se posicionan como el soporte clave de esta transformación.
Alta especialización en una red exigida
Mientras se avanza en modernización, la operación diaria exige intervenciones de alta complejidad. Entre ellas destacan:
- Trabajo en línea energizada: mantenimiento sin cortar el suministro.
- Lavado de líneas de alta tensión: limpieza con agua tratada no conductiva para prevenir fallas.
- Reemplazo de estructuras y reparación de daños: renovación constante para sostener estabilidad física.
En un escenario de transición energética, la seguridad del suministro dependerá no solo de nuevas líneas o mayor capacidad instalada, sino de la capacidad de integrar inteligencia digital a la red existente. La transformación tecnológica aparece así como el paso decisivo para enfrentar los desafíos del futuro energético del país.
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