Con la llegada del verano, el tiempo libre aumenta y las actividades en el agua se vuelven parte del panorama habitual de miles de familias. Piscinas, lagos, ríos y playas aparecen como espacios de recreación, pero también como escenarios donde los riesgos pueden multiplicarse si no se adoptan medidas de prevención adecuadas. Por ello, autoridades y especialistas han reforzado el llamado a extremar los cuidados para evitar accidentes infantiles asociados al agua.
Las cifras entregadas por organismos internacionales y centros de salud dan cuenta de la gravedad del problema. Según la Organización Mundial de la Salud, el ahogamiento es actualmente la cuarta causa de muerte a nivel mundial y lidera las causas de fallecimiento en niños entre 4 y 14 años. En Chile, el escenario no es menor: desde Clínica Bupa advierten que el ahogamiento es la principal causa de muerte en niños de 1 a 4 años, con un promedio cercano a 340 casos al año, de los cuales un 15% corresponde a menores de 15 años.
Riesgos que pueden aparecer en segundos
Uno de los aspectos más preocupantes es que estos accidentes no requieren grandes profundidades. Los especialistas recuerdan que solo cinco centímetros de agua pueden ser suficientes para que un niño se ahogue, que 30 segundos bajo el agua pueden generar una situación crítica y que tres minutos sin maniobras de rescate pueden dejar secuelas neurológicas graves o incluso provocar la muerte.
Además, el ahogamiento suele ser silencioso. A diferencia de lo que muestran las películas, no siempre hay gritos ni movimientos bruscos, lo que hace indispensable una vigilancia activa y constante.
Supervisión adulta y medidas de seguridad
Desde la Municipalidad de Colina, la alcaldesa Isabel Valenzuela Ahumada recalcó la importancia del autocuidado durante la temporada estival. “El verano es un tiempo de descanso y disfrute para las familias, pero también exige mayor atención de los adultos. La supervisión permanente y el respeto de las normas de seguridad pueden salvar vidas”, señaló.
Entre las recomendaciones prioritarias se encuentran la presencia constante de un adulto responsable, evitando distracciones como el celular o el consumo de alcohol, y la instalación de barreras de seguridad en piscinas, como rejas perimetrales autosellantes, alarmas y cubiertas protectoras. También se enfatiza que flotadores y juguetes acuáticos no reemplazan la supervisión ni el uso de chalecos salvavidas certificados.
Educación para un verano sin tragedias
Finalmente, la enseñanza de habilidades básicas de natación y seguridad acuática, junto con reglas claras —no nadar solos, no correr cerca del agua y pedir autorización antes de ingresar—, puede marcar una diferencia decisiva.
Disfrutar del agua es parte del verano. Sin embargo, no se debe olvidar que hacerlo con responsabilidad es la mejor forma de proteger a niñas y niños y garantizar unas vacaciones seguras.
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