Para muchas personas, las vacaciones de verano ya no significan una pausa real. Aunque el cuerpo se aleje físicamente del lugar de trabajo, la mente suele seguir atrapada entre correos, mensajes y pendientes laborales, provocando que el descanso esperado se transforme en una nueva fuente de cansancio.
Según explica Jaime Olivos, psicólogo y académico de ADIPA, la dificultad para desconectarse responde a un patrón aprendido de hiperconectividad que mantiene al cerebro en estado de alerta constante, incluso en contextos de ocio.
“Aun estando en la playa o de viaje, muchas personas sienten la compulsión de revisar el teléfono. Cuando intentan dejarlo, aparece ansiedad, porque el cerebro ya se acostumbró a ese estímulo”, señala el especialista.
La ‘telepresión’: trabajar sin estar en el trabajo
Uno de los conceptos clave es la llamada telepresión laboral: la sensación de obligación permanente de responder mensajes o mantenerse disponible fuera del horario laboral, incluso durante vacaciones.
Este fenómeno se ve reforzado por el uso de un mismo dispositivo para todo -trabajo, redes sociales y vida personal- y por canales como WhatsApp o correos que no distinguen entre descanso y jornada laboral. “El problema no es solo estar conectado, sino no cortar nunca el rol laboral”, advierte Olivos.
¿Cuánto tiempo se necesita para descansar de verdad?
Contrario a lo que se suele creer, uno o dos días libres no bastan para una recuperación real. El psicólogo explica que el desapego mental del trabajo suele requerir entre 7 y 15 días.
“Puedes estar fuera de la oficina, pero seguir rumiando problemas laborales. Ese descanso no sirve. La clave es permitir que los sistemas de alerta bajen las revoluciones”, afirma.
Consecuencias de no desconectarse en vacaciones
La conexión constante impide una relajación profunda y puede generar efectos como fatiga mental persistente, trastornos del sueño, irritabilidad, ansiedad y síntomas de burnout, incluso en períodos destinados al ocio.
Entre las señales de un descanso fallido se encuentran el insomnio, el cansancio al despertar, la revisión compulsiva del teléfono, la dificultad para disfrutar actividades simples y el agotamiento emocional.
Estrategias para una desconexión digital efectiva
Olivos aclara que no siempre es necesario eliminar la tecnología por completo, pero sí establecer límites claros. Algunas recomendaciones incluyen:
- Desactivar notificaciones laborales
- Definir horarios sin pantalla
- Avisar que solo se responderán urgencias
- Configurar mensajes automáticos de ausencia
- Delegar tareas antes de salir
Además, sugiere incorporar actividades offline como caminatas, deporte, lectura o hobbies, junto con rutinas de sueño y alimentación que ayuden a regular el ritmo corporal.
“Descansar no es solo parar, sino recuperar energía”, concluye el especialista. Para lograrlo, la desconexión debe ser intencionada: apagar temporalmente los circuitos de estrés, soltar el rol laboral y permitir que la mente realmente se recupere antes de volver a la rutina.
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