En la industria del cine, la historia suele escribirse con nombres masculinos, pero para Gwyneth Paltrow, hay una mujer cuya ferocidad financiera cambió el destino de todas, Demi Moore.
Mientras el mundo celebra el reciente triunfo de Moore en los Globos de Oro 2025 por su papel en "The Substance", surge una verdad incómoda. La actriz tuvo que aceptar las "cicatrices" de una prensa misógina para que hoy el éxito femenino sea la norma.
Durante décadas, Hollywood operó bajo una regla no escrita, las actrices tenían fecha de caducidad. Como bien señaló Cate Blanchett, la "vida útil" apenas rozaba los cinco años antes de ser relegadas a papeles secundarios de madres o "brujas".
Sin embargo, en 1996, Moore desafió este ecosistema al exigir y obtener un salario de 12,5 millones de dólares por Striptease, según consignó Far Out.
La respuesta de la época no fue la admiración, sino el escarnio. Mientras su entonces esposo, Bruce Willis, cobraba 20 millones de dólares (y hasta 115 millones por El Sexto Sentido) siendo celebrado como un astuto hombre de negocios, Moore fue apodada cruelmente "Gimme Moore".
Gwyneth Paltrow sobre Demi Moore
Se le tachó de avariciosa por pedir lo que a sus colegas masculinos se les entregaba por contrato. "Ella fue la primera en atravesar la espesura y recibió todos los arañazos", explica Paltrow. Enfatizando que sin ese primer golpe al techo de cristal, estrellas como Sandra Bullock o Margot Robbie no tendrían hoy el poder de negociación que ostentan.
El reciente reconocimiento de Moore no es solo un premio a una actuación magistral en el cine de género. Es el fin de la narrativa de la "actriz de palomitas". Ese término, que un productor usó para limitarla hace 30 años, sugería que Moore podía generar dinero, pero no respeto.
Hoy, el éxito de "The Substance" y su resurgimiento mediático demuestran que la obsesión de Hollywood por la juventud está perdiendo la batalla.
Demi Moore no solo sobrevivió a una industria que intentó descartarla a los 35 años. Regresó para demostrar que la ambición femenina no es un pecado. Sino el motor que permitió a las nuevas generaciones de actrices ser, finalmente, dueñas de su propio destino y de su valor en el mercado.
