Comprar una planta suele venir acompañado de buenas intenciones: riego constante, un lugar visible del hogar y la esperanza de que crezca sana. Sin embargo, en muchos casos el resultado es el mismo: hojas amarillas, tallos débiles y una lenta pero inevitable marchitez. Según expertos en jardinería, el problema no está en la falta de dedicación, sino en errores comunes que suelen pasar desapercibidos.
Así lo explicaron el jardinero y presentador Adam Frost, rostro del programa Gardeners’ World, y la asesora horticultural Clare Preston-Pollitt, de la Royal Horticultural Society, en declaraciones recogidas por BBC News.
Elegir bien es tan importante como regar
Uno de los errores más frecuentes ocurre incluso antes de llegar a casa: elegir plantas solo por su apariencia. Preston-Pollitt advierte que muchas especies se deterioran porque no están ubicadas en el entorno adecuado.
Algunas plantas, como la monstera, necesitan espacios amplios y bien iluminados; otras, como el lirio de la paz, se desarrollan mejor en ambientes húmedos y templados, mientras que el potos tolera sin problemas baños o zonas con vapor. En muchos casos, cambiar la planta de lugar es suficiente para que recupere vigor.
El riego excesivo, un enemigo silencioso
Contrario a lo que suele pensarse, regar demasiado puede ser más perjudicial que hacerlo poco. No todas las plantas requieren la misma cantidad de agua y, en especies como cactus y suculentas, el exceso puede dañar las raíces de forma irreversible.
Los especialistas recomiendan comprobar siempre la humedad del sustrato antes de regar. Hojas marrones o blandas suelen ser señales de un riego inadecuado. Para plantas de bajo requerimiento hídrico, una pulverización ocasional puede ser más efectiva que un riego abundante.
Entre las especies más resistentes destacan la lengua de suegra, la cast iron plant y la Hoya carnosa, ideales para quienes recién comienzan.
El cuidado cambia según la época del año
Otro factor clave es la estacionalidad. Durante primavera y verano, las plantas atraviesan su fase de crecimiento y demandan más agua y nutrientes. En cambio, en otoño e invierno la mayoría entra en un estado de reposo parcial.
Con menos luz y menor actividad, el riego debe reducirse considerablemente. Además, los expertos aconsejan dejar el trasplante para la primavera, cuando las raíces pueden adaptarse mejor a una nueva maceta. Señales como raíces visibles o agua que escurre de inmediato al regar indican que el cambio es necesario.
Entender estos ajustes básicos puede marcar la diferencia entre una planta que sobrevive apenas unas semanas y otra que se mantiene sana durante años.
