Jennifer Lawrence es, sin duda, una de las fuerzas más auténticas de Hollywood. Desde su descubrimiento fortuito en Union Square hasta convertirse en ganadora del Oscar, la actriz ha navegado por la fama con una transparencia que a veces le ha costado críticas, pero que hoy la posiciona como una de las figuras más respetadas.
Sin embargo, incluso para alguien con su trayectoria, existe un tipo de colega que le genera una ansiedad particular. El actor de método.
El "miedo" a lo desconocido: ¿Por qué le ponen nerviosa?
Durante una reciente y reveladora entrevista en el programa Hot Ones, Lawrence se sinceró sobre las dinámicas de trabajo que prefiere evitar.
Al ser consultada sobre si existe algún proceso actoral que la intimide, la protagonista de No Hard Feelings no dudó:
“Me pondría muy nerviosa trabajar con alguien que siga el método. No tendría ni idea de cómo hablarle. ¿Tengo que estar en personaje yo también? Eso simplemente me descoloca”, confesó entre risas y picante.
Para Lawrence, la actuación siempre ha sido un interruptor de "encendido y apagado". La idea de mantener una máscara durante las 12 o 14 horas de rodaje le resulta no solo ajena, sino una barrera para la comunicación básica necesaria en una producción.
El "Efecto Christian Bale": el cambio de paradigma
A pesar de su reticencia hacia el método extremo (popularizado por figuras como Jeremy Strong o Jared Leto), Lawrence reveló que su perspectiva cambió tras trabajar con Christian Bale en American Hustle.
Bale es conocido por sus transformaciones físicas radicales, pero Lawrence notó algo distinto en él:
La regla de los 10 segundos. Lawrence observó que Bale no permanecía en trance todo el día. En lugar de eso, empezaba a transformarse apenas 10 segundos antes de que la cámara rodara.
La transición. Ver a Bale pasar de ser una persona normal a un estafador de los años 70 en un parpadeo le dio a Jennifer la validación que necesitaba: se puede ser brillante sin sacrificar la cordura (o la cortesía) en el set.
De la controversia al respeto absoluto
El ascenso de Lawrence no fue una línea recta. Tras años de ser el "blanco" de los trolls de internet, quienes la acusaban de forzar su personalidad cercana, la industria ha hecho una introspección necesaria.
Hoy se reconoce que Lawrence fue víctima de un escrutinio mediático desproporcionado.
Su regreso a la pantalla grande y su reciente apertura sobre sus procesos creativos, incluyendo su preferencia por trabajar con directoras para evitar la "masculinidad tóxica" en la dirección, demuestran que Jennifer ya no busca encajar.
Ahora, busca comodidad, verdad y, sobre todo, evitar a esos compañeros que no rompen el personaje ni para pedir un café.
