En el universo de Fast & Furious, el personaje de Han Lue (interpretado por Sung Kang) es sinónimo de estilo, coches modificados y una calma inquebrantable.
Sin embargo, tras las cámaras de The Fast and the Furious: Tokyo Drift (2006), la realidad del actor coreano-estadounidense era radicalmente distinta a la vida de lujos que proyectaba su personaje en las calles de Tokio.
A pesar de que su rostro decoraba carteles gigantes en los cines de todo el mundo, Kang ha revelado recientemente un detalle que ha dejado a los fanáticos boquiabiertos. Tuvo que seguir trabajando como camarero para poder sobrevivir mientras la película batía récords de audiencia.
Un sueldo que no alcanzó para el retiro
Aunque hoy la franquicia factura miles de millones, en aquel entonces, el salario de Sung Kang no reflejaba la magnitud del fenómeno. "Me pagaron unos 20.000 dólares por ese papel", confesó el actor.
Para alguien que venía de proyectos independientes como Better Luck Tomorrow, esa cifra parecía una fortuna. Pero en el alto costo de vida de California, el dinero se esfumó rápido.
"La gente me veía en la pantalla y pensaba, 'Este tipo lo logró'. Lo que no sabían era que, después de cada entrevista, me ponía un delantal y volvía a servir hamburguesas y cervezas", relata Kang con una honestidad brutal.
Mientras los fans hacían cola para ver sus maniobras de drift, él dependía de las propinas de los clientes para completar el pago del alquiler a fin de mes.
El olor a comida rápida frente a los focos de Hollywood
La historia de Kang humaniza la industria del cine. Recordándonos que la fama y la solvencia económica no siempre van de la mano.
El actor recuerda trabajar dividido entre dos mundos. El glamur de las alfombras rojas y el persistente olor a fritura de su trabajo diario.
Esta resiliencia fue lo que finalmente cimentó su carrera. Hoy, con una fortuna consolidada y proyectos como su propia película de automovilismo, Drifter, y su reciente participación en la serie Obi-Wan Kenobi, Kang mira atrás con orgullo.
Su historia es un recordatorio de que, incluso en la saga más rápida del mundo, el camino al éxito real suele ser una carrera de resistencia, no de velocidad.
