La música independiente chilena despide a una de sus figuras más inclasificables. En las últimas horas se confirmó el fallecimiento de Álvaro Peña, creador radical, provocador y considerado por muchos como el primer punk del país.
El músico murió a los 82 años en la ciudad de Constanza, Alemania, lugar que se transformó en su hogar definitivo y en un refugio creativo desde donde continuó desarrollando una obra al margen de cualquier etiqueta.
Nacido en Valparaíso en 1943, Peña construyó una trayectoria única y errática, marcada por la experimentación, el humor corrosivo y una profunda desconfianza hacia la industria musical. Sus inicios estuvieron lejos del punk: pasó por orquestas de mambo y proyectos de música popular antes de convertirse en una figura adelantada a su tiempo.
Del exilio a la contracultura europea
Tras el Golpe de Estado de 1973, Álvaro Peña salió de Chile y se instaló en Londres. Allí vivió en casas okupas y se integró de lleno a la escena contracultural británica, participando en The 101ers. En esta agrupación, coincidió con un entonces desconocido Joe Strummer, futuro líder de The Clash.
Apodado “The Chilean with the Singing Nose”, Peña se transformó en un personaje de culto dentro del circuito punk y experimental europeo. Uno el cual, cabe destacar, siempre se mantenía lejos de la masividad, defendiendo una ética artística radicalmente independiente.
Un legado documentado, pero indomable
Su figura fue retratada en diversos documentales que intentaron descifrar su personalidad y obra. Entre ellos, están "Full Dedication Álvaro" (2008), "Pank" (2010), "Mire pare escuche" (2014) y "Álvaro: Rockstars don’t wet the bed" (2019).
Con su muerte se cierra un capítulo fundamental de la historia del punk y la música alternativa chilena. Álvaro Peña fue, ante todo, un artista libre, incómodo y profundamente fiel a sí mismo, cuya influencia sigue resonando en los márgenes donde la música se vive como un acto de resistencia.
