El 11 de enero de 1992 no fue un sábado cualquiera para la música. Fue el día en que las camisas de franela y el cabello desaliñado derrotaron a las lentejuelas.
En un giro que nadie en la industria pudo predecir, el álbum "Nevermind" de Nirvana alcanzó el número 1 en la lista Billboard 200. Desplazando nada menos que a Dangerous de Michael Jackson.
Un ascenso impulsado por el "Espíritu Adolescente"
Mientras el "Rey del Pop" reinaba con producciones millonarias, tres jóvenes de Aberdeen, Washington, estaban rompiendo el molde.
Lo que comenzó como un lanzamiento modesto de Geffen Records (quienes esperaban vender apenas 200,000 copias), se convirtió en un fenómeno imparable.
Gracias a la rotación masiva de "Smells Like Teen Spirit" en MTV, las ventas de Nevermind se dispararon a 300.000 unidades por semana.
Kurt Cobain, incrédulo ante la "Nirvanamanía", confesaría más tarde que pensaban que les estaban tomando el pelo. Pero los números no mentían. El Grunge había llegado a la cima, y el trono de Jackson ya no era intocable.
Caos y gloria en Saturday Night Live
La coincidencia poética fue que, ese mismo día, Nirvana debutó en Saturday Night Live (SNL). La energía en el Studio 8H era eléctrica y peligrosa. Un joven Dave Grohl, poseído por la adrenalina, rompió su baqueta apenas comenzó el primer acorde de su himno generacional.
Sin embargo, el verdadero sello de rebeldía llegó al final. Tras una interpretación frenética de "Territorial Pissings", la banda destrozó sus instrumentos en vivo.
No contentos con el ruido, durante los créditos finales, los integrantes se besaron frente a la cámara. Un acto desafiante diseñado para incomodar a los sectores más conservadores de la audiencia.
Un legado que perdura
El éxito de Nevermind en el número 1 no solo fue un triunfo comercial. Fue una validación para toda una generación de músicos que sentían que no encajaban en el brillo de los 80.
Aquella noche en Nueva York, Nirvana demostró que se podía ser la banda más grande del planeta sin perder la esencia del garage.
Hoy, recordamos ese 11 de enero como el momento en que el rock alternativo dejó de ser una alternativa para convertirse en el nuevo estándar del mundo.
