Durante quince años, María Florencia Mainet llevó una vida laboral predecible. Trabajaba como administrativa en La Plata, Argentina, con estabilidad económica, pero con una sensación persistente de estancamiento. “Podía ver con bastante claridad cuál iba a ser mi futuro si me quedaba ahí y no era la vida que quería para mí”, relató en conversación con Infobae.
Graduada en Turismo y con un deseo constante de viajar, en 2018 tomó una decisión que cambiaría por completo su rumbo: dejó su trabajo y se incorporó a la industria de los yates de lujo, un sector poco conocido, pero altamente competitivo y demandante.
Empezar de cero para romper la rutina
El salto no fue sencillo. Mainet reconoce que implicó comenzar desde cero y enfrentarse a miedos e incertidumbres. Sin embargo, para ella el desafío valía la pena. “No quería quedarme en una rutina aburrida, sin desafíos y sin crecimiento. Era mucho más emocionante vivir persiguiendo un sueño”, explica.
Con el tiempo, logró trabajar a bordo de embarcaciones de hasta 95 metros de eslora, experiencias que describe como intensas y exigentes. “Es un trabajo físicamente demandante, pero te mantiene en forma”, señala, subrayando que la vida a bordo requiere resistencia, disciplina y adaptación constante.
Sueldos altos y beneficios adicionales
Uno de los principales atractivos del rubro son las condiciones económicas. Según detalla Mainet, los sueldos para tripulantes sin experiencia parten cerca de los 2.500 euros mensuales —alrededor de 2,6 millones de pesos chilenos— y pueden superar los 6.000 euros en cargos especializados.
A esto se suman propinas que, especialmente en mega yates, pueden ser muy elevadas, además de alojamiento y alimentación cubiertos, lo que permite ahorrar gran parte del ingreso mensual.
Qué se necesita para trabajar en yates de lujo
Para acceder a estos puestos, no basta con las ganas de viajar. Se exige un buen nivel de inglés, experiencia previa en atención de servicio, certificaciones marítimas y, sobre todo, un currículum diseñado específicamente para la industria náutica.
“El principal error es el currículum. Tiene que estar hecho para yates, porque es tu carta de presentación”, advierte Mainet, quien hoy se desempeña como reclutadora y asesora a quienes buscan ingresar al sector.
“Este trabajo puede cambiar vidas”
Desde su rol actual, acompaña a postulantes de distintos países que buscan una oportunidad laboral fuera de lo convencional. Su mensaje es claro: la industria no es para todos, pero para quienes se atreven, puede significar un antes y un después.
“Este trabajo puede cambiar vidas y ayudar a muchas familias”, concluye, convencida de que, más allá del glamour asociado a los yates de lujo, se trata de una puerta real hacia nuevas experiencias, independencia económica y crecimiento personal.
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