En la naturaleza, las plantas están expuestas de manera constante a señales contradictorias. Por un lado, la presencia de nutrientes como el nitrógeno impulsa el crecimiento; por otro, la escasez de agua obliga a activar mecanismos de supervivencia. ¿Qué decisión toman cuando ambas señales aparecen al mismo tiempo?
Esa pregunta fue el punto de partida de una reciente investigación que logró describir, por primera vez con precisión, cómo los organismos vegetales priorizan entre crecer o resistir condiciones de sequía. El estudio se realizó utilizando Arabidopsis thaliana, una especie modelo ampliamente utilizada en biología vegetal, y permitió identificar una pieza clave del proceso: una proteína reguladora llamada NLP7.
El rol del nitrógeno y el “interruptor” interno
Los resultados muestran que la señalización del nitrógeno y la respuesta al estrés hídrico activan redes genéticas que, en muchos casos, operan en direcciones opuestas. En ese cruce aparece NLP7, una proteína que funciona como un verdadero integrador de señales ambientales.
“Lo más interesante es que el mismo sistema que favorece un buen crecimiento puede transformarse en una desventaja durante la sequía”, explica José Miguel Álvarez, investigador del Instituto Milenio de Biología Integrativa (IBio) y autor correspondiente del estudio. Según detalla, cuando el nitrógeno está disponible, NLP7 reduce la activación de genes asociados a la resistencia al déficit hídrico, favoreciendo la expansión de la planta.
En cambio, cuando esta proteína no actúa, se refuerzan respuestas defensivas como el cierre estomático y una mayor retención de agua. En otras palabras, esto se traduce en una mejor tolerancia a la sequía. “Es como un interruptor interno: con nitrógeno, la planta apuesta por crecer; sin él, prioriza sobrevivir”, resume el investigador.
Implicancias para la agricultura del futuro
El hallazgo tiene consecuencias directas para el manejo agrícola en contextos de escasez hídrica. El estudio ayuda a explicar por qué el uso intensivo de fertilizantes nitrogenados puede, en ciertos escenarios, aumentar la vulnerabilidad de los cultivos frente a la sequía.
Aunque la investigación se desarrolló en una planta modelo, los científicos señalan que estos mecanismos están conservados en especies de interés agrícola. De hecho, ya existe evidencia preliminar de procesos similares en cultivos como el tomate, de alta relevancia para Chile.
El desafío ahora es trasladar este conocimiento a condiciones reales de campo, donde las plantas enfrentan simultáneamente sequía, altas temperaturas y suelos degradados. El objetivo final es avanzar hacia sistemas productivos capaces de mantener la productividad sin sacrificar resiliencia hídrica, una necesidad cada vez más urgente en el escenario climático actual.
