La frase suena lapidaria, pero es el propio William Broad, nombre real de la leyenda, quien la pronuncia con una mezcla de cinismo y gratitud: "Debería estar muerto por todo lo que me hice a mí mismo".
Tras un exitoso paso por el Festival de Tribeca en 2025, el documental definitivo sobre la exvoz de Generation X y cara visible de la era MTV, "Billy Idol Should Be Dead", ya tiene vía libre para su desembarco mundial en cines este 2026.
Un viaje visual al borde del abismo
Dirigido por el galardonado Jonas Åkerlund (conocido por su trabajo con Madonna y Metallica), el largometraje no se limita a ser una cronología de éxitos como "Rebel Yell" o "White Wedding".
La cinta utiliza una mezcla innovadora de animación psicodélica y archivos inéditos para retratar los episodios más oscuros de Billy Idol. Desde su brutal accidente de motocicleta en los 90 hasta las espirales de adicción que casi apagan su voz para siempre.
La distribución corre a cargo de Evan Saxon Productions, quienes han confirmado que los primeros meses de 2026 serán el marco para este estreno mundial. "Billy es un artista que revolucionó la cultura pop durante 50 años. Nos honra llevar esta historia tan emotiva a las pantallas más grandes del mundo", declaró Saxon recientemente.
El camino inesperado hacia el Oscar 2026
Lo que hace que este estreno sea verdaderamente novedoso es el fenómeno musical que lo acompaña.
La secuencia final del documental presenta "Dying To Live". Una balada orquestal cruda y vulnerable compuesta junto al nominado al Premio de la Academia, J. Ralph.
La sorpresa saltó hace apenas unas semanas cuando la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas incluyó el tema en la lista corta (shortlist) para la 98.ª edición de los Premios Óscar en la categoría de Mejor Canción Original.
En ella, el veterano rockero compite codo a codo con estrellas contemporáneas como Miley Cyrus y Ed Sheeran. Demostrando que su "grito rebelde" sigue más vigente que nunca a sus 70 años.
¿Por qué verlo ahora?
A diferencia de otros documentales biográficos, este filme ha sido elogiado por su honestidad brutal. No rehúye de la "monstruosidad" de los excesos, sino que la humaniza a través de entrevistas en un elegante blanco y negro que contrastan con el caos cromático de sus años de gloria.
Es la historia de un hombre que, tras décadas de "bailar consigo mismo" en el borde del precipicio, ha decidido finalmente contar cómo se siente estar del otro lado.
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