En un nuevo avance dentro del mayor plan de expansión de su historia, Metro de Santiago presentó el primer tren que operará en la futura Línea 7. Un convoy automatizado que marca un hito tecnológico en medio de retrasos y cambios en la construcción del trazado subterráneo entre Renca y Vitacura.
En una ceremonia realizada con representantes de la firma Alstom, responsable del diseño y fabricación, se exhibió el modelo AS-22. Un tren de 102 metros de largo con capacidad para 1.247 pasajeros, equipado con sistemas 100% automatizados que operarán sin conductor, tecnología de punta en ciberseguridad, aire acondicionado y accesibilidad universal.
Este anuncio ocurre cuando las obras del trazado, cuya longitud total supera los 26 kilómetros con 19 estaciones proyectadas, han alcanzado aproximadamente 30% de avance en excavación de túneles y estructuras básicas. Aunque la fase de construcción civil de estaciones y vías continúa en desarrollo.
El objetivo del Metro es poner en operación la Línea 7 en 2028. Un plazo que las autoridades han reiterado pese a contratiempos técnicos en terreno.
Entre estos, figura la terminación anticipada de un contrato con una empresa responsable de un tramo del túnel por “incumplimientos graves”. Decisión que implicó reconfigurar la metodología de construcción y reprogramar algunos frentes de obra.
Impacto urbano y social
La nueva línea promete revolucionar la conectividad de la Región Metropolitana al conectar sectores tradicionalmente desatendidos del transporte público. Integrará, por primera vez, a las comunas de Renca, Cerro Navia y Vitacura al sistema subterráneo. Además de interconectarse con líneas existentes de Metro en puntos estratégicos como Baquedano, Pedro de Valdivia y otros nodos de combinación.
Esto podría beneficiar directamente a más de 1,5 millones de personas diariamente y reducir tiempos de viaje que hoy superan la hora en algunos tramos.
Retos y expectativas
La expedición del tren AS-22, aunque aún sin entrar en servicio, representa un símbolo de la modernización del transporte público santiaguino.
No obstante, la obra ha enfrentado diversos desafíos. Desde fallas y paralizaciones de tuneladoras, que han generado preocupación entre expertos sobre posibles efectos en plazos futuros, hasta decisiones contractuales que han obligado a una reordenación en el plan de trabajo en terreno.
Aún así, desde Metro aseguran que se han activado mecanismos de mitigación para evitar mayores impactos sobre la planificación y que avanzan en la adjudicación de nuevas áreas de obra para mantener el cronograma. Las etapas siguientes contemplan electrificación de vías, pruebas de sistemas y la marcha blanca antes de la apertura al público.
El impulso a la Línea 7 se enmarca dentro de un proyecto más amplio de modernización e inversión de US$9 mil millones en la red. Que también incluye otras líneas e extensiones clave para descongestionar la red existente y ofrecer alternativas de movilidad sustentable a corto y mediano plazo.
¿Qué viene ahora?
Con el primer tren ya terminado y listos para alumbrar las vías del nuevo trazado, Metro de Santiago entra en una fase decisiva donde los desafíos de obra civil y sincronización tecnológica serán el foco para cumplir con la ambiciosa meta de 2028.
La llegada de este convoy no solo es un avance físico y logístico. Sino una señal de que la capital chilena se prepara para una transformación profunda de su movilidad urbana.
